García Navarro, 'camino Soria'
Como el desengañado protagonista de la conocida canción de Gabinete Caligari, la Unión Deportiva Las Palmas ha puesto rumbo a Soria, José Manuel, (“olvidando traiciones y demás, en busca de la gloria que no sentí jamás”). Bien es cierto que no se trata de un despecho estrictamente romántico éste de Manuel García Navarro y compañía, pero sí que lo aparenta, al menos, en su calidad de desesperado. El amor, que viene a ser el club, se le va de las manos sin que hasta ahora haya encontrado calor o consuelo –institucional, se comprende, porque lo que es la afición, tercer vértice de este triángulo del desamor, ha puesto ya demasiado y más por mantener viva la débil llama que alumbra este romance–.

García Navarro lo tiene claro: cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana. Y no está él para ejercer de Tinguaro o Guajara que se arroje al vacío en estos tiempos que corren, tan fértiles y llenos de oportunidades, tan neocapitalistas y neoliberales, tan Neos, en definitiva, que eso igual le gusta más. Si ha de seguir la estela de algún héroe de leyenda, que sea la del mesías de Matrix, cabezota, luchador y llamado a transformar por sí solo en posible lo que a todos resulta surreal.

La UD va camino Soria pero vía Geneto, es decir la vieja historia del pelotazo urbanístico pero en versión cuasi secreta y actualizada. No está mal como huida hacia adelante para una entidad que se difumina como la niebla, progresiva, queda e imperceptiblemente. El presidente del Cabildo, tan reacio siempre a ir más allá de un Pío Pío más o menos apasionado, parece haber encajado la propuesta con cierto interés y se ha mostrado incluso dispuesto a colaborar. Ya es primavera en la corporación insular. Lo cual no es de extrañar si tenemos en cuenta que el invierno popular parece haber comenzado a remitir también en asuntos hasta ahora tan intocables como la policía autonómica. Sea por un repentino ataque de amor a los colores, por una revisión de planteamientos o, simplemente, por no dejarle el campo libre a un Partido Socialista que ha decidido tomar la iniciativa en la salvación del club, lo cierto es que la actitud de Soria, José Manuel, (allá donde se cruzan los caminos) proyecta un tenue haz de luz sobre el destino de un equipo abocado no sólo al descenso, sino a su inminente desaparición. Todo esto, a costa de dejar con los edictos al aire a su alcaldesa consorte, Pepa Luzardo, que en un intento de ser más pepista que el PePe, negó la pasada semana el agua y la sal a los consejeros amarillos, por esas naderías de las empresas privadas, las malas gestiones y los dineros de todos que no se pueden malgastar.

García Navarro une así su destino al de Pérez Ascanio, y el de la UD al del Club Deportivo Tenerife. Porque, si para algo han de servir la región, las uniones y los hermanamientos, que sea cuanto menos para intercambiar fórmulas que ayuden a ese gran proyecto común que es el de ir tirando. Pero el presidente de la UD se enfrenta, además de a una crítica situación deportiva, la quiebra empresarial y la indiferencia institucional, a una grave fisura accionarial que quedó reflejada en el fracaso de la reunión convocada para el pasado lunes. Ninguno de los cuarenta accionistas mayoritarios invitados acudió a la cita, un claro revés para la imagen de cohesión interna de la entidad y, por ende, a su capacidad negociadora con terceros.

La UD va camino Soria al paso acelerado que marca la pervivencia. Es un momento igual de bueno o malo que cualquier otro para la reflexión. Porque cuando la pasión mengua, uno casi nunca está dispuesto a reconocer su cuota de responsabilidad. El futuro, en cualquier caso y si lo hay, deberá regirse por la transparencia y el rigor. Y por el examen de conciencia. Ya lo cantaba Jaime Urrutia, citando a Bécquer y a Machado: “El olvido del amor se cura en soledad”. Depende.

Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
miércoles 28 de abril de 2004

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