Grupo Interuniversitario de Opinión (*)

¿Cómo afecta el “nuevo talante” de Rodríguez Zapatero a la cuestión del Sáhara? En el debate de investidura, el nuevo presidente eludió pronunciarse sobre la cuestión, a pesar de que los portavoces de varios grupos minoritarios así se lo reclamaron (ERC, PNV, IU, CC y BNG). Sin embargo, estamos ya en condiciones de saber en qué consiste tal talante después de leer la importante entrevista concedida a Pedro J. Ramírez y escuchar sus declaraciones en Casablanca.

La doctrina del “nuevo talante” en relación con el Sáhara, a la luz de tales manifestaciones, se puede sintetizar en las siguientes proposiciones: 1) Nuestro nuevo presidente quiere “que Naciones Unidas consiga un acuerdo”, un “gran acuerdo”; 2) que ese acuerdo sea “entre todas las partes”; es decir, según él, “entre Marruecos, el Frente Polisario y Argelia”; 3) ese acuerdo debe basarse en “el respeto de los derechos de cada una de ellas” (las partes) que se deben “garantizar”.

La doctrina del “nuevo talante”, tal y como ha quedado sintetizada con palabras textuales de nuestro presidente llama poderosamente la atención porque se alinea claramente con la vieja posición de Marruecos ignorando el Derecho vigente sobre la cuestión. Pero además, esta doctrina resulta especialmente llamativa porque contradice las posiciones que ese “nuevo talante” en otros escenarios internacionales, como el de Palestina o Iraq.

El primer punto del “nuevo talante” en la cuestión del Sáhara invita a que “Naciones Unidas consiga un acuerdo”. Con estas palabras el nuevo presidente está negando su apoyo al “Plan de Paz” (complementado con los acuerdos de Houston) y al Plan Baker II, ambos aprobados por la ONU. En primer lugar, el “Plan de Paz” de 1990-1991, complementado por los acuerdos de Houston de 1997, fue el resultado de un “acuerdo” entre las partes, Marruecos y el Frente Polisario. Ese acuerdo fue validado por la ONU (resoluciones 658, 690, 725 y 1133 del Consejo de Seguridad). Si el nuevo presidente quiere que “se consiga” un “gran acuerdo” es porque no da por válido el acuerdo “ya conseguido” (el Plan de Paz y los acuerdos de Houston). ¿Quien defiende esa postura? La respuesta no admite discusión: Marruecos es quien, después de haberlos aceptado, rechaza los acuerdos de 1990-1991 y 1997 y ahora pretende que se anulen para llegar a otro “nuevo acuerdo” más favorable a sus intereses. Por tanto, el “nuevo talante” en tanto pretende que “se consiga” un nuevo “acuerdo” está apoyando la vieja posición marroquí.

Para superar las dificultades que planteaba la posición marroquí es para lo que el Consejo de Seguridad aprobó el “plan Baker II” en su resolución 1495. De acuerdo con la opinión del Secretario General de Naciones Unidas y su enviado especial, James Baker, el problema no encontraría solución si ésta dependiera sólo del acuerdo de las partes. Por eso, Baker propuso, y el Consejo de Seguridad aceptó, que la solución del conflicto del Sáhara se buscase en un compromiso que diese algo, pero no todo, a cada una de las partes y que no pudiese ser objeto de negociación en cuanto a su contenido. El Consejo de Seguridad, como he dicho, bajo la presidencia en ese momento de España, aprobó por unanimidad la resolución 1495 que aprueba el “Plan Baker II” como texto cuyo contenido no puede ser alterado por las partes. Las únicas conversaciones serían para invitar a las partes a aceptar y aplicar el plan. El Frente Polisario aceptó ese plan, pese a que concedía a Marruecos más de lo que la legalidad internacional parece que permite. Sin embargo, Marruecos, desoyendo las recomendaciones de Annan y Baker y el texto de la resolución 1495 quiere negociar el contenido del plan. El “nuevo talante” en cuanto que pretende que mediante el “diálogo” se alcance un nuevo “acuerdo” significa un rechazo al “plan Baker II” que la propia España impulsó. En consecuencia, también aquí la posición del “nuevo talante” se alinea con la que viene manteniendo Marruecos.

El segundo punto del “nuevo talante” es que ese nuevo “gran acuerdo” se alcance “entre todas las partes” que, según el presidente, son “Marruecos, el Frente Polisario y Argelia”. De esta forma, la doctrina del “nuevo talante” sitúa a Argelia como una parte en el conflicto del Sáhara. Ocurre, sin embargo, que todas, repito, todas las resoluciones de la ONU sobre el conflicto establecen que sólo hay dos partes en el mismo: Marruecos y el Frente Polisario. El Plan de Paz (complementado por los Acuerdos de Houston) y el “Plan Baker II”, sin embargo, también se refieren a otros dos países pero no como “partes en el conflicto”, sino como “partes interesadas”, que son Argelia y Mauritania. De aquí se puede concluir, sin duda, que la doctrina del “nuevo talante” se separa de la legalidad internacional sentada por la ONU ya que, por un lado, equipara a Argelia, que es “parte interesada” con las “partes en conflicto” (Marruecos y Frente Polisario) y, por otro, deja de lado a la otra “parte interesada”, Mauritania, que es un país muy importante para la solución del conflicto. Nuevamente aparecen las colusiones: ¿quien pretende considerar a Argelia como “parte en el conflicto” en lugar de “parte interesada”? La respuesta ya se la imagina el lector: sí, Marruecos. Vemos así que el segundo punto de la doctrina del “nuevo talante” en el conflicto del Sáhara también coincide con la que ha venido defendiendo desde antiguo, aunque infructuosamente (ni una sola resolución de la ONU en su apoyo), Marruecos.

El tercer punto del “nuevo talante” sobre el Sáhara establece que ese nuevo “acuerdo” que “se consiga” “entre todas las partes” (“Marruecos, el Frente Polisario y Argelia”) debe basarse en “el respeto de los derechos de cada una de ellas” que se deben “garantizar”. Nuevamente nos encontramos con una doctrina que se aleja totalmente de lo establecido por el Derecho Internacional. Ninguna resolución del Consejo de Seguridad, ni de la Asamblea General de Naciones Unidas ha conferido ningún “derecho” a Marruecos o a Argelia. Eso sí, todas, repito, todas (decenas de resoluciones de la Asamblea General, del Consejo de Seguridad) hablan del “derecho” a la autodeterminación del pueblo saharaui. Y la misma conclusión se desprende del dictamen del Tribunal Internacional de Justicia de 16 de octubre de 1975 y del dictamen del Secretario General Adjunto de Asuntos Jurídicos de la ONU y Asesor Jurídico de la misma, Hans Corell, de 29 de enero de 2002. ¿Quien ha pretendido inútilmente que se le reconozcan “derechos” sobre el Sáhara Occidental? El lector inteligente también lo habrá adivinado ya: Marruecos. Y ese mismo atento lector advierte con sorpresa que, también aquí, el “nuevo talante” coincide con las viejas pretensiones marroquíes en el conflicto del Sáhara.

El análisis de la doctrina del “nuevo talante” para el Sáhara nos lleva a una conclusión inquietante: mientras que el nuevo Gobierno no hace sino referirse a la “legalidad internacional” y a la “ONU” como marcos de resolución de los conflictos de Palestina o Iraq, en el caso del Sáhara Occidental la “legalidad internacional” y la doctrina de la “ONU” son completamente despreciadas. No sólo eso: el “nuevo talante” significa un abandono de la doctrina que sobre el Sáhara han mantenido todos los gobiernos democráticos españoles (incluidos los de Felipe González). El “nuevo talante” es así un grave paso atrás en nuestra diplomacia. ¿Es el “nuevo talante” un intento de reformulación del “acuerdo tripartito de Madrid” firmado por el franquismo moribundo, nulo en tanto en cuanto fue secreto, en contra de lo establecido por los Convenios de Ginebra, y que pretendía la entrega del Sáhara a Marruecos (o si se quiere el reconocimiento de sus “derechos”)? Aquel acuerdo tripartito se hizo creyendo que la entrega del Sáhara estabilizaría Marruecos interiormente y nos daría seguridad en nuestros intereses. El nuevo “gran acuerdo” tripartito que se pretende se quiere basar en el mismo argumento, otra vez, pero ¿será también secreto, o sólo a medias?. La respuesta al nuevo intento la tenemos en la historia: ¿se convirtió Marruecos en un país más estable y seguro para nosotros después de la entrega del Sáhara en 1975? ¿Qué beneficios efectivos ha habido para España y en particular para Canarias, durante estos casi 29 años?

(*) Grupo Interuniversitario de Opinión:

Carlos Ruiz Miguel (Universidad de Santiago de Compostela)
Manuel de Paz Sánchez (Universidad de La Laguna)
Ricardo Aguasca Colomo (Universidad de Las Palmas de Gran canaria)
Sergio Ramírez Galindo (Universidad de Las Palmas de Gran canaria)

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