Me han parecido muy interesantes y oportunas unas declaraciones de Salman Rushdie acerca de la libertad de expresión. El autor, condenado a muerte por el régimen de los ayatolás por su obra Versos Satánicos, habla claramente y sin tapujos sobre la oleada de censura que oprime al mundo, en todos los bandos, sobre todo después del 11-S. Rushdie está a favor de la libertad de expresión, aunque ésta vaya en contra suya, algo que no suele ser norma común, incluso entre aquellos que se jactan de defenderla a toda costa. Normalmente, los partidos y organizaciones utilizan esta bandera como arma arrojadiza contra sus enemigos, pero luego se comportan como auténticos censores intolerantes cuando cosechan alguna crítica, por nimia que sea, o cuando alguna publicación no se corresponde con su línea ideológica. Ahí tenemos los casos de Todas putas, Me cago en Dios o las múltiples persecuciones (y querellas, el nuevo arma del opresor) que se producen en el ámbito del periodismo. Conozco incluso un grupúsculo liderado por un sujeto al servicio de determinado partido político y de intereses económicos más o menos inconfesables que hacen de la defensa de la libertad de expresión su estandarte particular, pero que, amén de pervertirla en su práctica diaria (la extorsión no es libertad de nada), vela exclusivamente por la renta y los manejos de esas manos que mecen su cuna. Estoy con Rushdie, libertad de expresión siempre y sin cortapisas. Aunque vaya en contra de nuestros intereses. El público será quién decida qué valor le da a lo que se le propone.
Puedes leer el artículo en El Confidencial

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