El istmo de La Isleta
Me reprocha a través del correo electrónico un buen amigo, y no obstante defensor a ultranza del purismo en la lengua, el hecho de que en este periódico llamemos istmo al espacio que une La Isleta con el resto de Gran Canaria. No le falta razón, porque en su más estricto sentido, istmo es “una lengua de tierra que une dos continentes o una península con un continente”, y no un islote por muy Isleta que sea a una isla o entidad geográfica similar. Desconoce, no obstante, este buen amigo que no todo en este mundo se rige por cuestiones de estricta definición académica y que la metáfora y la recreación de las convenciones atesoran, en muchos casos, un poder comunicativo y delimitador aún más eficaz que todo el léxico del DRAE en su conjunto, con perdón y reconociendo lo pelín exagerado.

Ignora, pues, el crítico comunicante que el de La Isleta istmo sí que lo es primero, porque Gran Canaria ostenta la condición de continente, aunque en miniatura, a decir de las postales; y segundo, porque a los grancanarios parece ser que nos ha dado la real gana de así denominarlo, y es algo, pues, que resulta menester considerar. Por tanto, convengamos que el istmo de La Isleta lo es, aunque también en miniatura, como corresponde a un continente de idénticas proporciones, al menos hasta que la Academia estipule un término concreto para accidente geográfico tan particular.

En lo que sí estoy de acuerdo con mi amable reprensor es en el hecho de que la utilización de tal vocablo puede llevar a cierta confusión. En rigor no debería, pues no hay más que observar una fotografía aérea, o darse una vuelta por Ripoche o Santa Catalina para percatarse de que no hay más istmo que el que arde. Es decir, que no estamos ante la inmensidad de Suez o Panamá, sino ante esa estrecha, cosmopolita, multirracial y entrañable lengua de tierra conocida por Puerto de toda la vida, o casi. El nexo entre La Isleta y la capital, entre Las Canteras y Alcaravaneras. Pero algunos de los proyectos urbanísticos que se barajan para el lugar vienen a dar la razón al señor del email, en el sentido de que algunos parecen ver en el pequeño istmo de La Isleta una referencia continental sobredimensionada.

Se olvidan de la condición de miniatura que ostenta el istmo portuario y se entregan quizá alegremente a un diseño macroarquitectónico propio de una megalomanía desbocada de la que, por ahora, inquieta más lo poco que se sabe que lo mucho que resta por conocer. De hecho, lo que ha trascendido a la opinión pública son los aspectos generales, el marco al que deberá circunscribirse el proyecto que resulte ganador. En pocas palabras, que en un tercio de la zona del Puerto se podrán construir edificios de hasta treinta plantas. No se establece el número, pero sí su uso: hoteles, infraestructuras deportivas, torres de oficinas y aparcamientos. El setenta por ciento restante irá destinado, según las bases del certamen establecidas por la Autoridad Portuaria, Cabildo y Ayuntamiento, a espacios libres, y además, se construirá un muelle deportivo para mil embarcaciones.

Los tres PePes, Arnáiz José Manuel, Soria, ídem Manuel, y Luzardo Pepa, también, se han conjurado para hacer del pasaje a La Isleta un enclave de envergadura dentro de la megalópolis que sueñan. Ellos entienden por istmo lo mismo que nuestro interlocutor virtual. Lo que pone el Diccionario. Y si el Diccionario pone continente, pues se es continente y ya está. La etiqueta de isla ha quedado definitivamente desfasada. Lo que ayer fue mar y arena, mañana serán Woermann y rascacielos. Gran Canaria es ya continente, sin miniatura, así, a secas. Por decreto institucional.

Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
miércoles 26 de mayo de 2004

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