Folclore por un tubo
Canarias es una fiesta, por mucho que le pese al París de Hemingway. Estamos de celebration, como lo estuvo la Rosa de España antes de la depresión, por eso de las elecciones europeas; y andamos de guatatiboa, felices cual chácara en romería, por el Día de la comunidad. Y es que somos más eclécticos que el magma que nos parió.

Somos puente entre continentes y entre viernes y martes también, que algo de la herencia visigoda se nos tenía que pegar. Pues si hay algo de lo que ni el más independentista reniega es de la cultura del jolgorio, la verbena, la jullona y el puentito de fin de semana que tanto caracterizan al español medio. Bueno… medio, portero, ariete y central. Estamos de fiesta una vez más, y eso hay que celebrarlo, como quien dice, con alegría y prudencia, en plan DGT, que tampoco es cuestión de que la resaca te impida gozar de las vacaciones que, en nuestra apretada agenda no lectiva, se encuentran también como quien dice, a la vuelta de la esquina.

Europe’s living a celebration, y el Archipiélago más, faltaría plus. Ahí están los triunfitos isleños, a saber: Manuel Medina, Fernando Fernández y Alfredo Belda, dispuestos a destrozar el récord de votos vía urna, SMS o lo que haga falta para ser la voz de Canarias en Bruselas, tal que Tony Santos o Ramón del Castillo, pero sin cuerpo de baile ni majadería académica. Los tres tienen claro el objetivo y los tres apuntan maneras. Pegando carteles se salen, y eso es algo que en Europa se aprecia en lo que vale. Luego están la melodía y la letra. En lo segundo, sobresaliente. El estribillo es pegadizo, de esos que se te meten en la cabeza: “Estar en Europa para decidir”, “Canarias se la juega” o “Fuertes para defender nuestros intereses”. Bien. En cuanto a la música, pues no está mal, algunos comienzan desafinando, pero es lo que tiene el directo, que al principio te puede el pánico escénico, y al final acabas encandilando. O no. Que a algunos los tembliques y los desentonos les acompañan de por vida. Pobrecito de Dios, si lo suyo era la Biología aplicada. Pero, mamá, yo quiero ser artista. Y sanseacabó.

Lo malo en este caso es la previsión de audiencia. Las encuestas más optimistas señalan que ni el cincuenta por ciento de los españoles (de los canarios ni les cuento, que como les digo andamos en fiestas) tiene intención de seguir la gala y mucho menos de participar en los comicios. Lo cual no merma en absoluto la importancia y trascendencia de lo que se decide el 13-J. ¡Valor, y al toro!, le gritaron a Manolete, y ya sabemos todos como acabó. Y es que las europeas ya no son lo que eran (las elecciones), y menos aún aisladas de esas otras generales y autonómicas que tanta expectación generan.

Pero por aquí la cosa, en principio, no preocupa demasiado. Al menos, y por la cuenta que nos trae, no todo lo que debiera. Conmemoramos el Día de Canarias como se merece. Las Islas, sus tierras y sus gentes, se engalanan y desparraman en pos de una identidad que cada cual identifica a su manera. Celebramos el paro, la delicada coyuntura económica, la crisis turística, el precio de la vivienda… ah, y veintitantos años de autonomía, que viene a ser el leitmotiv de la fiesta. ¿Quién dijo miedo? Ya lo decía mi abuela, si hay miseria que no se note. ¡Que corra la isa, la folía, ese peazo himno esotérico, el fajín, la mantilla, el cachorro, los vinitos de Icod y el Monte, la papa, la carajaca y la jarea! Pues no somos nadie cuando olemos un tenderete. No todo van a ser debates, guerras, bodas reales y penas. Ánimo para los que andan de celebration y más para los que están de guatatiboa. Yo mismo me pongo el mundo por montera. Feliz Día de Canarias, y suerte a los triunfitos en las europeas.

Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
sábado 29 de mayo de 2004

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