Juan Carlos Valerón

El balón de la Eurocopa 2004 comienza a rodar esta misma tarde con el debut de la selección española en el campeonato, frente a Rusia, incluido en el menú del día. Los de Iñaki Sáez vuelven a enfrentarse al fantasma del bluf que ha acompañado al combinado español a lo largo de la historia de sus participaciones oficiales, un tanto menos en la competición europea, donde ha alcanzado un primer y un segundo puestos, pero claramente manifiesta en los mundiales, donde los propios errores, la mala suerte y las apreciaciones arbitrales han acabado siempre por negarle una corona que por historia y calidad sin duda merece.

En esta Eurocopa que hoy arranca, los ojos y las esperanzas de los canarios –y de una buena parte de los aficionados españoles– están centrados, amén de en el papel que realice el conjunto nacional, en la enclenque figura de Juan Carlos Valerón, el joven canterano de Arguineguín que ha logrado encandilar al mundo entero gracias a un talento sólo equiparable a los de leyendas como Pelé, Di Estéfano o Maradona. Que Valerón es hoy por hoy el jugador con más visión de juego y percepción artística del fútbol a escala nacional, europea e incluso internacional muy pocos son capaces de negarlo. Que sólo su espíritu tranquilo y afable, generoso y humilde han impedido que ese reconocimiento general se haya traducido en logros concretos, también. Y_que esa misma actitud apocada que mantiene tanto en los terrenos de la vida como en los de juego supone un freno a la realización plena de todo lo que atesora como deportista, más. Pero él es así, un pelotero con más alma de artista que de crack, más cercano a la melancolía propia de los románticos y a la modestia del sabio que a los efluvios pasajeros de la prensa del corazón, el marketing o el divismo desmesurado que caracterizan a la elite actual del fútbol.

Valerón ya no es un niño. Tiene veintiocho años y se encuentra a las puertas de una madurez que, en el caso de los futbolistas, precede de forma inmediata al retiro. En su caso, probablemente ese período se dilate algo más, pues no es la condición física precisamente el principal arma con la que cuenta. Pero, en cualquier caso, lo que todos esperamos es ver brillar a ese prodigio del balompié en todo su esplendor. Para ello, el grancanario deberá despojarse por unos días del hábito y enfundarse la casaca de guerrero, es decir añadir un poco de furia, constancia y ambición a su gran talento. Perdonen por la presunción, pero estoy convencido de que de él depende que la selección pueda por fin cambiar la historia y salir de Portugal con un título más en sus vitrinas. El combinado que dirige Sáez presenta todas las condiciones para la proeza: juventud, fuerza, calidad, pero si hay un jugador determinante en el último tercio ése es Valerón, claro está, cuando él mismo se gusta y se da cuenta.

Sé que a Juan Carlos este tipo de comentarios le resbalan. Pero también sabemos lo que es capaz de inventar sobre un rectángulo a poco que se lo proponga. Ramos de flores llama Joaquín a sus paredes. Picassos o Nerudas, diría yo. Pero, eso sí, la producción deberá ir unida al talento en ésta que es su hora. La hora de su Canto general, de su Guernica… o, por qué no, de toda su antología completa.

Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
sábado 12 de junio de 2004

Share