Solidarios
Los acontecimientos en torno a las relaciones Canarias-Marruecos se precipitan. Tras la reciente visita del presidente del Ejecutivo autónomo, Adán Martín, al país vecino y la puesta en marcha de diversos proyectos empresariales y de cooperación, las noticias, reacciones, posicionamientos e iniciativas se multiplican en los medios, a lo que hay que añadir el anuncio de las maniobras canario-españolas-otánicas-estadounidenses-marroquíes que se celebrarán el próximo mes en aguas internacionales a, dicen, cien millas al norte del Archipiélago. Se trata, como ya hemos expresado en otras ocasiones, del primer acercamiento institucional y económico serio y articulado de las Islas hacia el continente africano. Por más que algunos se inventen ahora lazos “históricos” entre ambos pueblos, argumentando “la cantidad de ciudadanos marroquíes que viven con nosotros” y remontándose a datos estadísticos de la época de la dictadura, de cuando la colonia española, para dibujar “una gran presencia comercial canaria en Africa”, lo cierto es que esa relación “histórica” a la que se hace referencia es, en todo caso, una historia de desencuentros; “la cantidad de ciudadanos marroquíes que viven con nosotros” se reduce a un 2,6% de la población frente al 22% de alemanes, el 12% de ingleses o el 8% de colombianos, por citar sólo los más significativos; y la “gran presencial comercial” queda reducida a una treintena de empresas con un peso testimonial, tanto en Marruecos como en el propio Archipiélago.

Estamos, pues, ante un momento histórico que debe ser administrado con altas dosis de prudencia y visión política. El punto caliente en estas incipientes relaciones bilaterales, que cuentan con el apoyo unánime del arco parlamentario regional y con las bendiciones del Gobierno central, es el problema del Sáhara. Un conflicto que a los canarios nos coge muy de cerca y al que el Ejecutivo deberá prestar especial atención para no caer en errores que puedan pasarle factura a él y al conjunto de la ciudadanía. La postura más coherente que puede defender el Archipiélago, quizá la única pacífica y viable, es la de aceptar las resoluciones de la ONU. En cualquier caso, es ésta una decisión soberana del pueblo canario que, afortunadamente, disfruta de un sistema democrático en el cual puede expresar su opinión, elegir libremente a quienes mejor representen sus intereses y deponer a aquellos que lo defrauden.

Ante este acercamiento, el Frente Polisario y algunos colectivos de militancia pro saharaui han optado por emprender una campaña de advertencias y reproches en un intento de interferir en dichas relaciones. Una postura que consideramos errónea y no demasiado considerada hacia un pueblo que no sólo le ha demostrado desde la descolonización su apoyo y su simpatía, sino que además se ha dejado varias vidas en la costa africana, en unos asesinatos cuya autoría y circunstancias están aún por determinar. Postura errática que no sabemos si ha sido trasladada igualmente a EEUU y Francia, países que sí se han manifestado abiertamente hostiles a los intereses de la RASD, pero que, desde luego, no parece la más adecuada para generar o renovar la adhesión canaria.

Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
sábado 19 de junio de 2004

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