En la frontera
Básicamente, la postura del Frente Polisario respecto a las nuevas relaciones canario-marroquíes se reduce a dos apercibimientos: a) Canarias debe cuidarse de realizar acciones comerciales en el territorio del Sáhara, porque eso supondría de facto reconocer la soberanía marroquí y atentar contra la legalidad internacional; y b) Canarias debe defender la independencia del Sáhara porque con la RASD las relaciones serán más fáciles que con Marruecos. El primero de los puntos entra, efectivamente, en el terreno del derecho internacional y en el conflicto cada vez menos armado entre polisarios y marroquíes. En este sentido, no podemos estar más de acuerdo con la reivindicación saharaui, pues la apertura, desarrollo y consolidación de las negociaciones con el reino de Marruecos no sólo deben inscribirse dentro de la legalidad y de las resoluciones de Naciones Unidas, sino que entendemos que tienen que ir incluso más allá, promoviendo la rectificación del error histórico que supuso el abandono del Sáhara sin un proceso de descolonización que garantizara el derecho legítimo de sus habitantes a la autodeterminación. El Gobierno de Canarias debe ser especialmente hábil y cauteloso en este terreno para que la soberanía sobre el antiguo territorio español no sea utilizada como moneda de cambio en los acuerdos que se pretenda establecer.

El segundo de los aspectos es más discutible, pues se plantea en la esfera de las promesas y las buenas intenciones, es decir en el de la subjetividad. La posición que tome Canarias en el conflicto responderá a criterios de carácter político más que económico, pues si bien es cierto que el territorio alberga un notable caudal de riquezas, nadie puede aventurar a estas alturas qué manos las controlarán y qué empresas y países se verán involucrados en la construcción del país y en la explotación de sus recursos. De hecho, los propios dirigentes sahararuis han expresado en más de una ocasión que, una vez conseguida la independencia y en una relación de igual a igual, no tendrían inconveniente en establecer lazos comerciales con el propio Marruecos. A lo que yo añado Francia y EEUU, especialistas en rentabilizar conflictos, incluso en los que han jugado en contra.

El Polisario no puede exigirle a Canarias lo que ni él mismo está dispuesto a considerar: es decir la renuncia a unas relaciones estables y beneficiosas con su vecino. No puede hacerlo por dos razones fundamentales: a) porque estaríamos ante una intromisión intolerable en los asuntos internos de los propios canarios; y b) porque convendrán conmigo en que Canarias ha hecho ya por el Sáhara y los sahararuis más de lo que se le podía pedir: ha alimentado, instruido y albergado a su gente; ha prestado apoyo económico, sanitario, moral, cultural y político prácticamente sin límites; y ha sufrido en sus carnes la represalia marroquí por esto en asuntos como la pesca o el tomate. ¿Hasta dónde considera el Polisario que debe llegar Canarias en el apoyo a su causa? ¿Qué más debe poner en juego o a qué más debe renunciar?

El propio Mohamed Abdelaziz, presidente de la RASD, enviaba una carta a Mohamed VI en febrero como condolencia por el seísmo de Alhucemas, en estos términos: “En esta dolorosa ocasión, en nombre del pueblo saharaui y en el mío propio, quisiera presentar a Vuestra Majestad, a las familias de las víctimas y al hermano pueblo marroquí mis sinceras condolencias y mi simpatía”. Majestad y simpatía…

Particularmente, soy partidario de un Sáhara independiente o, cuanto menos, autodeterminado, pero no puedo intentar hacer de esa convicción personal bandera de todo el pueblo canario. Lo que sí puedo exigir es respeto a sus decisiones, sus relaciones y desarrollo. Sin reproches ni amenazas del exterior. Es una cuestión de tonos y reciprocidades. Es decir que Sáhara libre, vale; pero Canarias, desde luego, también.

Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
domingo 20 de junio de 2004

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