Bloggin' in the dark?
He descubierto a través de The Blog Herald la existencia de un servicio de alojamiento y publicación de blogs cuya principal característica es la de garantizar al cien por cien el anonimato de los autores. Este sistema se llama InvisibleBlog y, al igual que muchos de los que conocemos, te permite publicar en pocos pasos y de forma gratuita. La gran diferencia estriba en que no tienes que revelar tu identidad (ni nombre ni datos ni email ni nada de nada) ni siquiera a los propietarios del servicio, con lo que muy difícilmente éstos pueden a su vez revelarlo a terceros. Para ello se valen de dos potentes herramientas que circulan por la Red en formato de software libre: GPG y Mixmaster, ambas con una serie de prestaciones que coinciden en lo fundamental: eliminar las pistas que conducen hasta el usuario.

El invento tiene ya sus defensores y sus detractores, pues como toda herramienta es susceptible de usos bien diferentes. Por ejemplo, supongo que convendremos en que en países o en situaciones en los que la censura y la ausencia de libertad de expresión campan a sus anchas, servicios como InvisibleBlog pueden resultar una importante válvula de escape y de comunicación dentro de esa comunidad y de ésta con el exterior. También puede usarse para mantener el anonimato en otros casos extremos que lo requieran, o simplemente porque te da la gana, siempre y cuando ese ‘te dé la gana’ no esconda detrás agresiones cobardes a terceros o la promoción de ideas y campañas al servicio de intereses más o menos inconfesables.

Sin embargo The Blog Herald alerta de un descubrimiento que resulta realmente inquietante: un blog denominado Diary of a Paedophile (Diario de un Pedófilo, vamos, para entendernos). El Herald arremete contra el blog y contra InvisibleBlog, servicio al que no dudan en tildar de “nada más que una excusa para guarradas pedófilas”. Los autores aseguran haber investigado un poco y haber encontrado puntos de contacto entre la bitácora y el propio hosting, cuyas raíces se pierden al parecer en Sidney (Australia).

Desde luego que este uso es altamente reprobable (y denunciable, si encontramos alguno por ahí), y también especialmente peligroso para la blogosfera, porque no sería la primera vez que la actividad de algunos desalmados en un área concreta fuese utilizada por los enemigos de ese área para identificar a la totalidad y así conseguir su rechazo y su prohibición. Sin embargo, aunque yo prefiero dar la cara en mis blogs y ya digo que ir de anónimo por la vida sólo se justifica en casos extremos, histriónicos o extravagantes creo que la existencia de un servicio de estas características (no éste precisamente, si se demuestra que es una plataforma de pedofilia, como sostiene el Herald) no debe ser estigmatizado. Si existe acto delictivo, debe ser perseguido. Si no, no creo que deba ser censurado a priori. Como siempre, estamos ante las dos caras de esa moneda que llamamos libertad de expresión, o su buen uso, para ser más exactos.

Nota post post: me queda la duda de cómo se evita que tu IP quede registrada cuando solicitas la inscripción

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