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Definitivamente, la revolución ha comenzado. El blog ha pasado de ser aquella ventanita bohemia, rara y chic a la que se asomaban algunas almas inquietas, excéntricas o vanguardistas para transformarse en una auténtica plataforma de expresión y comunicación global que compite ya casi abiertamente (y sin el casi también) con los medios tradicionales. La relevancia de la blogosfera en la sociedad de la información es cada día mas patente: los servicios de noticias incluyen nuestros titulares y enlaces; prensa, radio y televisión mueven sus hilos para intentar comprender primero, referenciar después y probablemente en un futuro no muy lejano asimilar e incorporar (anular les resultaría muy difícil) este nuevo competidor (de hecho, ya son numerosos los periódicos digitales que disponen de su propio weblog); los blogs proliferan por la Red en un modelo de crecimiento exponencial sin precedentes; desempeñan un papel cada vez más relevante en los principales asuntos de política a escala regional e internacional; los bloggers conceden entrevistas como nuevos gurús de la información… comparten, polemizan, se asocian.. Estamos, evidentemente, ante un fenómeno cuya importancia, ya manifiesta, continúa en aumento sin que por el momento podamos atisbar, aunque sí intuir, límites y consecuencias.

Como era de esperar, el capital no podía permanecer ajeno a este movimiento. La enorme potencialidad de una comunidad en la que participan de forma activa millones de personas en el mundo resulta una manzana demasiado tentadora. Las expectativas de mercado son enormes, sólo falta elaborar las estrategias precisas y diseñar las herramientas adecuadas. El principal hándicap al que se enfrentan los promotores del blog business es la propia indiosincrasia del sector, su independencia. De hecho, hasta ahora, y salvo excepciones, la blogosfera se ha caracterizado por su nulo afán de lucro, centrando sus objetivos en la comunicación, el intercambio de conocimientos y experiencias, la opinión, el debate, la información personalizada, el descargue… nada que ver con las columnas que sustentan el palacio del imperio comercial. El prototipo de bitacorero es incluso manifiestamente contrario a cualquier intercambio comercial en sus páginas, con escasas concesiones a sistemas como Adsense de Google, siempre en un segundo plano, como un elemento no distorsionador del conjunto y del mensaje que se quiere transmitir.

Pero los tiempos cambian, y a la multiplicación de sistemas semejantes al citado Adsense y otros de carácter afiliado, comienzan a sumarse iniciativas un tanto más inquietantes que tienen su origen, cómo no, en el mismo corazón del capital, los Estados Unidos de América. País de contradicciones que atesora también el innegable valor de haber asistido al nacimiento y desarrollo de este fenómeno weblog que tanto nos maravilla. Pues bien, me entero a través de The Blog Herald (que hace referencia a su vez a un artículo de Michael Bazeley en The Mercury News) que acaba de nacer un servicio que ofrece a las compañías un seguimiento de sus productos en la blogosfera. Una especie de programa espía que, sin nuestro consentimiento, chequea nuestras bitácoras e informa a las empresas sobre la opinión que tienen los autores de blogs o sus usuarios sobre la mercancía que ofertan. El creador de Blabble, que así se denomina el servicio es Matt Rice, quien no se corta un pelo a la hora de promocionar su invento:

“We can see what words people are using to describe to products”

Otra de estas nuevas aventuras comerciales centradas en la blogosfera es el Blogversations de Umair Haque, un sistema de patrocinio de blogs a cambio de promocionar en los posts los productos del sponsor en cuestión. El propio Haque reconoce que, aunque el recibimiento “ha sido favorable”, muy pocos bloggers lo han contratado porque, como bien intuye un tanto desconcertado, “parece que los bloggers creen que este sistema afectaría a su credibilidad”. Sin palabras.

Parece que la partida no ha hecho más que empezar. Se avecinan tiempos interesantes y convulsos para la blogosfera, tanto desde el punto de vista tecnológico, político, o periodístico como comercial. El control es poder, dicen. Y mi pregunta es bien sencilla: ¿estamos preparados para lo que se nos viene encima?

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