Umberto Eco

Umberto Eco no cree en Internet. No es que no crea en el sentido teológico de la palabra, digamos que, incapaz de sustraerse a su existencia, se posiciona claramente en su contra. Se declara su enemigo abierto y le atribuye efectos apocalípticos en nombre no de la rosa, sino de la cultura y la comunicación. Eso al menos es lo que se desprende de la transcripción de una entrevista suya al diario alemán Die Welt y que recogen de forma suscinta varios medios digitales.

La cultura individual y el “filtro” de Julio César:
Si las afirmaciones del intelectual italiano no han sido sacadas de contexto (tomo como base las referencias textuales que aparecen en Libertad Digital y Mouse.cl), su planteamiento viene a ser el siguiente: Internet acabará creando una incomunicación total al permitir que cada uno pueda construir su particular enciclopedia del saber, imposibilitando los referentes culturales comunes. Eco habla de una “cultura individual”, que surgiría de la Red y que aislaría a los individuos entre sí, frente a la cultura tradicional, que no sólo permite la comunicación sino que además actúa de filtro para determinar, por ejemplo, que “saber cuando murió Julio César es importante, mientras que la fecha de la muerte de su mujer no”. “Hoy existe el peligro de que 6.000 millones de personas tengan 6.000 millones de enciclopedias distintas y ya no puedan entenderse entre ellos para nada”.

Pensamiento de clausura:
Ciertamente, aún me resisto a dar crédito a estas declaraciones. Le suponía a Eco un hombre de su tiempo, quizás algo más pendiente del Medievo que de la robótica, pero en absoluto temeroso del progreso o adversario de la democratización de los medios. Y aún menos, confuso y perdido en un mundo que cambia a velocidad de vértigo, pero no tanto como para hacerte perder el tren de la clarividencia.

Democracia y diferencia:

No sé qué teoría de la comunicación maneja Eco, pero su temor a un caos derivado del surgimiento de una cultura individual me parece cuanto menos de un despiste intelectual sorprendente. Eso que él llama “cultura individual”, es decir la constitución de un universo de referencias culturales propias a partir de la cultura global, existió sin Internet y, por supuesto, existe y continuará existiendo con ella. Es decir, el individuo asimila e incorpora a su visión del mundo determinados aspectos de la cultura o, mejor dicho, de las culturas con las que se relaciona. Por eso dentro de una misma comunidad cultural existe la diferencia, el rasgo distintivo y la disensión. Aunque hay aspectos comunes que son compartidos, pero en disintos niveles de integración y prioridad. De un medio como Internet, especialmente concebido para llevar la comunicación a cotas que antes jamás el ser humano había soñado se podrán decir muchas cosas, salvo que promueva la incomunicación.

Comunicación:
Quizá si entendiéramos por comunicación sólo el contacto físico: la voz, los gestos, el roce, la mirada… podríamos dar veracidad a sus planteamientos. Pero sabemos que la comunicación es mucho más. Y ahí es donde interviene la Red como poderosa herramienta de transmisión y comunión de conocimientos.

¿De qué estamos hablando?:
Por otro lado, que haya 6.000 millones de enciclopedias sólo puede preocupar a las editoriales. ¿No nació el libro como proyecto universal de la socialización del conocimiento? ¿No es el número de títulos publicados uno de los índices que determinan el grado de desarrollo cultural de un pueblo? ¿No es el ser humano en sí mismo una enciclopedia del saber, de su saber único y singular, sus conocimientos y su experiencia? ¿Qué teme realmente Eco? ¿Que cada ser humano tenga una voz y un canal donde hacerse escuchar? ¿Es eso incomunicación o precisamente todo lo contrario?

¿Se perderá la cultura global, la cultura de los pueblos, de las comunidades…? Sólo quien no haya navegado jamás por Internet puede afirmar tal disparate, pues es precisamente la Red el mayor escaparate de culturas que he conocido jamás, el más abierto, directo y democrático. Con todos los peligros y todas las garantías que ello encierra. Como la vida misma.

“No sólo debe ser honrada…”:
La referencia a Julio César y su mujer habla por sí misma de la empanada mental que parece afectar a este hombre. Lo que él identifica como “filtro” que nos hace saber que lo importante es la fecha de la muerte del emperador y no la de su mujer, supongo que es la relevancia histórica de éste frente a la de su esposa, y no algún concepto machista que se nos quiera imponer. “Filtro” que no sé tampoco por qué ha de perderse en Internet o a causa de Internet. ¿Se perdió en los libros llenos de erratas y de interpretaciones variopintas de la historia? ¿En los polémicos ensayos sobre la fecha de nacimiento o muerte de este o aquel personaje? Pues no.

Si usted anda desorientado, Internet no tiene la culpa:
Quien sí parece algo perdido entre tanta trasmutación histórica, social, tecnológica y cultural es el propio Eco, incapaz no ya de ser mostrarse como lúcido visionario, sino siquiera como fiel exponente de su época. Si Internet va a ser el big bang de la comunicación, los bitacoreros debemos ser algo así como los agujeros negros de la constelación mediática. Y eso ya sería demasiado con la de meteoritos que nos está cayendo encima.

Debate abierto:

Actualización (2 oct-12.31 h.):

Actualización (3 oct-16.30 h.):

Actualización (3 oct-22.57 h.):

Actualización (4 oct-11.40h.):

    Umberto Eco considera que Internet es uno de los grandes peligros del futuro, en Pensamientos Radicalmente Eclécticos
    Umberto Eco se lanza contra la Red, en Isopixel

Actualización (5 oct-10.31h.):

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