José Luis Rodríguez Zapatero ha decidido comparecer de forma voluntaria ante la comisión que investiga los atentados del 11-M en España. El presidente así se lo ha hecho saber a Alfredo Pérez Rubalcaba, portavoz del PSOE en el Congreso, y su presencia en las indagaciones parlamentarias será finalmente votada de forma favorable este martes por los representantes socialistas.

De esta manera, el presidente del Gobierno español se une a la comparecencia ya anunciada de José María Aznar, presidente del Gobierno en el momento de los atentados. Precisamente Aznar advirtió el pasado fin de semana, en el discurso de clausura del XV Congreso Nacional del Partido Popular, que sus declaraciones ante la comisión servirían “para dar la cara”, “decir la verdad” y desenmascarar a quienes “mintieron, manipularon y forzaron la voluntad popular”.

Es decir, que Aznar está dispuesto a dar un giro de 180 grados a la imagen de culpable que muchos de quienes exigieron su comparencia quieren achacarle por la de adalid de la verdad, al más puro genuino estilo de la cinematografía heroico-judicial hollywoodiense. Un órdago demasiado fuerte como para que el líder socialista lo dejara pasar. A pesar de que desde el PSOE se asegura que la decisión de ZP no tiene nada que ver con las palabras de Aznar, sino que se debe “a una profunda convicción democrática”, resulta cuanto menos curioso que sea precisamente ahora, tras el discurso de éste, cuando se haya decidido a dar el paso. No olvidemos que las comparecencias de uno y otro han levantado trifulcas de altura en los disintos bandos. Y que finalmente el PSOE se había negado a obligar a declarar a su líder. Supone uno que las “convicciones democráticas” no son de quita y pon. Se han de tener siempre. Ahora… y antes también.

En cualquier caso, y a lo que el interés general se refiere, la presencia de los dos máximos mandatarios del Estado español en los últimos tiempos eleva el nivel de la investigación a las cotas de las que nunca debió descender. Es tan grave y tan dolorosa la materia de la que se trata, que nadie con una perqueña, por mínima que sea, relación con los hechos debe sustraerse a su esclarecimiento. Y aún menos si los sujetos tienen tanta relevancia como el ex y el actual presidente del Gobierno español. Sabemos que es pedir mucho, pero ambos políticos deberían colaborar al máximo en la investigación aportando todos los datos que obren en su poder, dejando a un lado las exigencias partidarias, propagandísticas y personalistas que acabarían por convertir la comisión en un circo, traicionar la memoria de los muertos y prostituir la dignidad del pueblo al que se deben.

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