Invitación al Carnaval 2005

El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria parece decidido a convertir el otrora alegre, bullicioso, descarado y popular Carnaval en algo parecido a esa fiesta de los maniquíes que tan bien describía Golpes Bajos allá por los ochenta. No es sólo que se restrinjan los horarios, se acoten las zonas, se reduzca el calendario o se prime la imagen exterior sobre el disfrute y la improvisación. Es que ya se roza lo surreal. Y eso que lo surreal me fascina, pero claro, como todo, según el cuándo, el dónde, el cómo y, sobre todo, el por qué.

Y, si no, ya me dirán ustedes a qué inescrutable espíritu carnavalero responde el recientemente presentado cartel anunciador para 2005. El mismo que pueden ustedes observar en este artículo. Si ya de por sí el lema de las fiestas se las trae: El Quijote; la concreción plástica del reclamo resulta insólita. Dejando a un lado aspectos artísticos (que incluso puede que los haya, no digo que no), el cartel supone más una invitación a la desazón melacólica que a una explosión de la carne, más bien escasa, todo hay que decirlo, en estos trazos carteleros del hombre de la siempre triste figura.

Vamos, que le entran ganas a uno de meterse en cama, escuchar gregoriano hasta la Cuaresma y adelantar el ayuno penitente no sea que vengan tiempos peores. Depresión preventiva, que diríamos. Don Quijote (o lo que queda de él) monta un perro, que siempre será mejor a que el perro lo monte a él, bien es verdad. Pero si al menos fuese con alegría, pues para eso estamos en lo que estamos. Pero no, ale, tristeza y desazón, a llorar que son dos días.

Si a esto añadimos que desde hace unos años la elección del dichoso cartel se hace a dedo, desterrando la tradición de elegirlo a través de concurso, la cosa parece que más inri todavía. Pues nada, si usted encuentra algo de carnavalero en algún lugar de esta mancha, no tiene más que dejar un comentario y contradecir todo lo que he dicho. Difícil está, pero en peores cosas me he equivocado.

Share