Boris

Supone un soplo de aire fresco en el panorama de las declaraciones de famosos sobre el polémico asunto de las descargas de contenido multimedia a través de Internet, y más concretamente sobre las redes P2P. Ocurrió anoche y en Crónicas Marcianas (cómo no). Durante una mesa redonda sobre telebasura y derecho a la intimidad en el ámbito de la prensa rosa, el escritor y showman Boris Izaguirre admitió públicamente que descarga películas en la Red. Lo hizo con naturalidad, socarronería y simpatía, ante un balbuceante Ramoncín que intentaba largarle un discurso sobre la conculcación de derechos de autor, pero que acabó sucumbiendo a la elegante, pero firme indiferencia del presunto piratilla.

Sobre esta polémica hemos hablado ya largo y tendido en varios posts y comentarios. Nuestra postura es bien clara: antes de criminalizar a los más de 100 millones de usuarios de las redes de descarga en Internet, sería conveniente tomar en cuenta algunos factores que suelen ser ignorados en el debate, especialmente por aquellos que se mueven por intereses mercantiles más o menos inconfesables: los derechos de autor sólo son válidos frente a la comercialización ilícita de las obras, sólo es pirata quien se lucra con la copia no autorizada de obras de arte, la propia Ley advierte que sólo se puede penalizar la copia con ánimo de lucro o con perjuicio a terceros, hay que buscar un marco legal e ideas de carácter empresarial capaces de armonizar los derechos de autor con las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, es decir autores y usuarios deben salir beneficiados de la revolución que supone Internet sin que ninguno se vea a bocado a la ruina o a la cárcel, aunque esto suponga una merma en los ingentes y en muchos casos feudales sistemas de porcentaje de ingresos de los intermediarios, que curiosamente son los más militantes en la campaña de acoso y derribo al consumidor (no dejen de leer Free Culture, de Lawrence Lessig).

Con esta confesión, supongo que meditada, Boris ha realizado un guiño a la audiencia en un momento de ofensiva brutal de algunos artistas contra su propio público, algo inaudito en la historia del arte. Y lo ha hecho justo delante de una de las figuras destacadas de este movimiento neoinquisidor, Ramoncín (mano derecha de Teddy Bautista en la SGAE, por cierto), quien curiosamente también y ya centrándonos en el aspecto central del debate, se mostraba claramente favorable a la defensa legal del derecho a la intimidad de los famosos, pero mostraba algunas dudas sobre el derecho a la defensa de la infancia frente a la telebasura. Cosas veredes, amigo Sancho.

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