El enano

Anda la comunidad científica revuelta por uno de los descubrimientos más importantes de la antropología contemporánea: el Homo floresiensis, un humanoide que habitó la isla indonesia de Flores hace tan sólo 18.000 años. El hallazgo, realizado por los investigadores australianos Peter Brown y Mike Morwood, se basa en un esqueleto parcial presente en la cueva de Liang Bua que, a pesar de pertenecer a un especimen adulto, revela que no superaba el metro de altura y tenía el cráneo del tamaño de un pomelo.

El descubrimiento ha sido publicado por la revista Nature y, según los investigadores, la nueva especie desciende del arcaico Homo erectus, de la que se cree que también ha evolucionado el Homo sapiens.

Parece que el pasado del ser humano es mucho más complejo y diverso de lo que parecía, y que, desde luego, nuestras lagunas científicas son aún importantes. Llevando esto a los extremos podríamos preguntarnos: ¿hasta qué punto no andaban, pues, tan desencaminados los autores mitológicos, con sus duendes, gnomos y hadas, o los creadores de relatos fantásticos del tipo Los viajes de Gulliver o El Señor de los Anillos? Vale, ya sé que nos encontramos ante un primate desarrolladito y no ante un superguerrero de la Tierra Media, pero es que, ante los avances de la ciencia, la fantasía vuela que es una barbaridad.

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