Gates

Bill Gates pide neutralidad. Curioso: a) lo solicita el hombre de los sistemas operativos cerrados y b) se lo pide a un gobierno que está obligado a ello.

¿Qué tipo de neutralidad pide? ¿Respeto al monopolio? Eso no es ser neutral, sino prevaricador. ¿Cómo se atreve a pedir neutralidad a un gobierno democrático? ¿Es un guiño a la corrupción? Si yo fuera gobernante, consideraría la petición de Gates un insulto.

Pero, veamos. ¿Qué teme realmente este superhombre del tercer milenio? ¿Que el Gobierno abra la mano al software libre y a sistemas como Linux, tal y como ya está ocurriendo en otros países? ¿Es eso lo que quiere evitar? ¿Dónde está ahí la neutralidad? Me parece justo que el empresario no ya pida, sino exija neutralidad al Estado. Es lo que pedimos (o debiéramos pedir) todos. Igual de justo hubiera sido que el ministro Montilla y el secretario Ros, como portavoces del Ejecutivo y del pueblo al que representa, le hubieran exigido la misma neutralidad a Gates. Es decir, que sus sistemas operativos no te obligaran a usar por defecto un navegador determinado, un reproductor determinado, un cliente de correo determinado… ¿seguimos?

Y ustedes me dirán: un empresario no está obligado a la neutralidad. Cierto. Pero, oh, un gobierno sí. Y lo que en política es neutralidad, en economía se llama antimonopolio. Y eso sí puede, mejor dicho debe, ser exigido por cualquier gobierno. Ni Montilla ni Ros lo han hecho. ¿Por qué? ¿Miedo? ¿Complicidad? ¿El silencio de los paletos? ¿Cortesía con el descortés? Desconocemos si hubo respuesta y en qué dirección, pero a tenor de lo que ha trascendido y de la sonrisa del emperador William Henry Gates III, parece que no fue precisamente ésta una reunión en la discrepancia. Habrá que esperar acontecimientos antes de manifestar conclusiones erróneas o apresuradas. Sirva esta reflexión como mero aviso a navegantes. Los profundos cambios que se están producción a escala social y tecnológica en la Red son imparables, cualquier acción que vaya en detrimento de su evolución está condenada al rechazo y al fracaso, especialmente si éstos van en contra de los intereses generales de la ciudadanía. No soy un activista antiMicrosoft, pero estoy convencido de que hay mucho mundo detrás de esas preciosas Windows. Más bien estoy en la línea del supermillonario emprendendor: habrá que apostar por la neutralidad porque, en verdad, lo que no se ha podido nunca ni se podrá jamás es ponerle Gates al campo.

Ilustración: www.bluntpencil.com.

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