Tsunami

Una nueva teoría, aún más inquietante que la acción incontrolada de la propia naturaleza o la imprevisión de las autoridades, se suma a los intentos de racionalización de la mayor tragedia en este siglo que apenas acaba de comenzar. El periodista Andrew Limburg (Independent Media TV) aporta indicios, datos, conclusiones y denuncias que sitúan el origen del maremoto que devastó el sureste asiático el pasado 26 de diciembre y ha causado más de 120.000 muertos en las pruebas que realizan las compañías petrolíferas en el oceáno en busca de fuel y de gas.

Limburg recuerda que ya el pasado 28 de noviembre 169 cetáceos habían aparecido varados en las costas de la isla de Tasmania, al sur de Australia y Nueva Zelanda, por circunstancias que aún se desconocen, pero que para el senador australiano Bob Brown tienen que ver con las prospecciones petrolíferas realizadas en esas fechas cerca de la costa tasmana.

Según afirma Jim Cummings, del Instituto de Ecología Acústica, los impulsos originados por las más de 24 pistolas de aire comprimido que se utilizan para los análisis crean un frecuencia de onda capaz de penetrar 40 kilómetros bajo la superficie oceánica, con un nivel generalmente superior a los 230 decibelios (db).

El 24 de diciembre se registró un terremoto de 8.1 en la escala de Richter al sudeste de Tasmania y cerca de Nueva Zelanda, con una réplica de 6,1 al finalizar la mañana de ese mismo día. Dos días después se producía el terrible tsunami asiático, originado precisamente en la confluencia de las placas tectónicas australiana e india.

El 27 de diciembre otros 20 cetáceos varaban al sur de Tasmania.

El autor reconoce que no es experto en seísmos, pero que estos hechos no pueden ser ignorados. “Puede que todo esto no sea más que una enorme coincidencia, pero uno debe buscar información y luego decidir si existe relación o no”, señala. “Una gran cantidad de intereses ocultos y pruebas sísmicas se han estado sucediendo en este área desde que el Gobierno australiano decidió ofrecer ventajas fiscales para animar la exploración petrolífera”, sentencia Limburg.

Una tesis terrible e inquietante, si bien de consistencia meramente circunstancial, pero que sin duda merece convertirse en objeto de una línea de investigación. La tragedia lo merece.

Vía Robin Good.

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