El proyecto

El Gobierno de Canarias ha decidido trasladar a la Red los pormenores del proyecto monumental Montaña Tindaya, creación del fallecido escultor vasco Eduardo Chillida, a través de una web que pretende “acercar al ciudadano el sueño del artista”. Un intento de promocionar la inminente ejecución de una obra marcada por la polémica desde su misma concepción y en la que factores de carácter medioambiental, político, cultural y financiero han tejido una espesa trama que ha empantanado el proceso y a punto ha estado de abortarlo en reiteradas ocasiones.

Tindaya está ubicada en Fuerteventura. Fue idolatrada por los aborígenes canarios por su supuesto carácter mágico y es uno de los principales yacimientos de manifestaciones rupestres de la isla. Igualmente supone un refugio de vida dentro de la aridez que domina el paisaje insular, albergando varios endemismos de la flora y avifauna canaria, así como alguno de los exclusivos de Fuerteventura. Todo esto ha llevado a que haya sido declarada Bien de Interés Cultural de acuerdo con la ley nacional y Espacio Natural Protegido por decisión del Parlamento de Canarias.

En 1995, el Gobierno de Canarias decide ejecutar en la montaña uno de los proyectos artísticos más ambiciosos de Chillida:

“Hace años tuve una intuición, que sinceramente creí utópica. Dentro de una montaña crear un espacio interior que pudiera ofrecerse a los hombres de todas las razas y colores, una gran escultura para la tolerancia.

Un día surgió la posibilidad de realizar la escultura en Tindaya, en Fuerteventura, la montaña donde la utopía podía ser realidad. La escultura ayudaba a proteger la montaña sagrada. El gran espacio creado dentro de ella no sería visible desde fuera, pero los hombres que penetraran en su corazón verían la luz del sol, de la luna, dentro de una montaña volcada al mar, y al horizonte, inalcanzable, necesario, inexistente…”

Para llevarla a cabo, el escultor proponía varias condiciones, entre las que cabe destacar:

1.- Que no sirviera para desencadenar un proceso especulativo en el entorno de la obra.

2.- Que la puesta en marcha del proyecto contara con un respaldo generalizado de la sociedad canaria.

3.- Que la realización de los trabajos tuviera el mínimo impacto sobre la montaña.

La familia del artista y los grupos políticos con representación del Parlamento de Canarias están convencidos de que en la actualidad se cumplen estas tres condiciones fundamentales. Un convencimiento que no es extensible a los grupos ecologistas y a varios colectivos ciudadanos de la isla, que continúan adelante con sus acciones en contra del proyecto.

Sin lugar a dudas, una obra de estas dimensiones no puede pasar sin polémica, y tengo la impresión de que aún quedan muchas páginas de debate en torno a ésta. Mi criterio personal es que el valor artístico y simbólico de la obra de Chillida es tan impresionante que, si ciertamente, se logra armonizar con la protección del entorno, debe llevarse a cabo. Un monumento de esas características puede convertir Fuerteventura en un referente plástico internacional, con todas las ventajas que esto conlleva, para la isla y para su población. Esto requiere de un enorme compromiso y responsabilidad por parte de las autoridades implicadas, pues de poco valdría elevar este canto a la tolerancia si se hace sobre parámetros de intrasigencia y atentando contra los valores naturales y arqueológicos de la montaña. Aferrarse a aspectos mágicos, como algunos áun se aferran, ya me parece un poco excesivo a estas alturas del milenio.

En cualquier caso, tindaya-chillida.com es un escaparate que nos permite conocer de cerca los pormenores y evoluciones del proyecto. No aparece por ningún lado la voz de la disidencia, algo normal tratándose como se trata de una plataforma de promoción oficial.

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