?

Los informadores nunca deberían situarse por delante de la noticia, por mucho que ésta ofrezca tantas evidencias como en el caso que vamos a exponer. Son muchos los riesgos que se corren, evidencia no es sinónimo de certeza, y situar al lector en un escenario falaz o inexacto provoca resultados siempre ajenos al rigor periodístico y genera consecuencias más o menos graves dependiendo del objeto y el alcance de la interpretación.

El origen de este artículo no se encuentra en mi faceta de periodista, sino en la de lector, al encontrarme frente a unos titulares que despertaron mi curiosidad y que luego no respondieron a las expectativas generadas. El titular en concreto era el siguiente: “Nueve muertos en dos suicidios colectivos pactados por Internet en Japón” (La Razón).

Sensibilizado con el tema, acudí para documentarme de cómo se había articulado una vez más toda esta locura a través de la Red. Sin embargo, lo que me encontré fueron vagas referencias a unos supuestos suicidios y algunas interpretaciones sobre la posible responsabilidad de Internet en los mismos. Indagando en el origen y la posterior evolución de la noticia, y de cómo se tituló en los distintos medios, encontré lo siguiente:

Los titulares originales:

(Efe) “Nueve muertos en dos suicidios de grupo descubiertos en un día”

(Reuters) “Hallan 9 muertos en Japón en posible nuevo suicidio colectivo”

Los titulares interpretados:

(La Razón) “Nueve muertos en dos suicidios colectivos pactados por Internet en Japón”

(El País) “Otros nueve jóvenes japoneses se suicidan tras un pacto por Internet “

(El Mundo) “Nueve muertos en dos nuevos casos de suicidio colectivo en Japón”

(El Periódico) “Nueve jóvenes japoneses se quitan la vida en un nuevo caso de ‘suicidio pactado”

(La Vanguardia) “Se sospecha de un nuevo suicidio en grupo tras hallar los cuerpos de tres parejas muertas”

(Libertad Digital) “Siete jóvenes mueren en Japón en dos nuevos suicidios colectivos pactados por Internet”

Vemos que, aunque las agencias evitan la referencia a Internet en sus titulares y su presencia en los textos (lo veremos más adelante) es puramente especulativa o documental, algunos medios lo incluyen en sus titulares e incluso lo dan como hecho consumado. La contundencia de algunos no da lugar a equívocos.

Sin embargo, éstas son las referencias a la Red en el texto de los despachos de agencias:

(Efe) “Acabar con su vida asfixiado junto a otras personas en vehículos cerrados o apartamentos, es una modalidad de suicidio que se conoce en Japón como «muerte pactada» por ser convenida de antemano, generalmente a través de internet”.

(Reuters) “Por sí solos, numerosos jóvenes japoneses con problemas de depresión posiblemente no serían capaces de dar el paso, pero Internet les ha facilitado la tarea”.

– “Internet les ha facilitado la tarea”, y los coches, y las furgonetas, y las estufas, y el monóxido de carbono…

Pero ésta es la realidad de la investigación, también recogida por Efe y Reuters:

(Efe) “La policía de Miura, al sur de Tokio, halló hoy los cuerpos sin vida de tres parejas que, según los primeros indicios, se suicidaron al inhalar monóxido de carbono desprendido por carbón artificial dentro de un automóvil cerrado”.

(Reuters) “Creemos que se trata de un suicidio colectivo”, aseguró el agente, que informó de que las puertas y ventantas estaban cerradas y que dentro del coche fueron encontradas varias estufas de carbón, que generan monóxido de carbono”.

Como se ve, ninguna fuente se atreve a confirmar que se trate de suicidios colectivos y, desde luego, ninguna hace referencia a Internet.

Ya puestos, la siguiente conclusión interpretativa podría haber sido destacada igualmente en titulares, pero eso sería tirar piedras sobre el propio tejado de los medios de comunicación y, además, no tendría tanto reclamo:

(Reuters): “Los suicidios colectivos se han convertido en un fenómeno creciente en Japón, posiblemente acrecentado por su impacto mediático“.

Indudablemente, me quedo con el titular de La Vanguardia, el más fiel a lo que en ese momento se podía decir del suceso y del curso que llevaba la investigación policial, es decir, que aún no se había certificado siquiera que se tratase de suicidios colectivos. Así que ni les digo de su relación con Internet.

Personalmente, también doy por hecho que estamos ante una expresión más de la oleada de suicidios pactados a través de Internet que sacuden Japón, pero que yo lo dé por hecho no quiere decir que finalmente eso sea así. El artículo de información no se construye en base a consideraciones o convicciones personales del redactor o el responsable de sección (la opinión, en cambio, sí), ni mucho menos debería (y sé que aquí ya pido demasiado) regirse por criterios puramente mercantilistas o sensacionalistas, la captación del lector a costa del rigor; la audiencia, en definitiva.

Y que conste que no pretende ser éste un ejercicio de crítica periodística ilustrada, tómese más bien como el desahogo de un periodista-lector perplejo y cabreado ante el tremendo desfase entre un titular y una noticia.

Share