La canción del pirata

Uno ya no sabe a qué atenerse, pues le habían dicho (visto u oído) que todo lo que sonara a descarga gratis de música en Internet era pecado de lesa humanidad. Una barbaridad, vamos. Un atentando contra los derechos fundamentales del músico (y las desprendidas compañías discográficas o gestoras de copyright). Piratería, en definitiva, y rapiña. Algo impropio de ser mortal alguno que por digno se tuviera. Así la descarga fuese de temas descatalogados, con fines educativos, como escucha previa antes de decidirse a comprar o incluso cuando se tratase de obras sin copyright, con licencias copyleft o que directamente su autor hubiese querido regalar. Da igual, todos en el mismo saco, hermanados en criminalidad con aquellos que se lucran con la venta ilegal de obras copiadas o descargadas.

Así, un agresivo segmento del artisteo internacional, codo a codo con sociedades sectoriales, gobiernos y multinacionales, ha puesto en marcha una campaña inquisidora contra el usuario, sus propios fans, que, simplificando un tanto, busca el encarcelamiento o multa de todo aquel que se atreva a transgredir tan elevados y sensibles postulados. Digo un segmento porque, afortunadamente, son muchos los creadores que consideran todo esto una tropelía y apuestan, si no por la libre distribución de sus obras, sí al menos por un amplio debate social que siente las bases de las nuevas relaciones entre usuario y autor, un nuevo marco para el derecho intelectual acorde con la realidad, retos y perspectivas que aportan las nuevas tecnologías.

Una de las soluciones intermedias ha sido la denonimada descarga legal, es decir un grupo de multinacionales decidido a solventar tal desencuentro ofreciendo la posibilidad de descargar canciones a precios relativamente módicos, en torno al euro por unidad. Fenomenal, no resuelve el problema de fondo, pero sí supone un avance hacia lo que podríamos denominar comercio justo entre creadores, intermediarios y usuarios. Pero la sorpresa surge al leer esta noticia de CNET News.com: “MSN Music ofrece música gratis”.

¿Música gratis? ¿Qué mosca le ha picado a Microsoft? ¿No es eso piratería, según los rígidos cánones del Sancto Sanctorum de la intelectualidad? ¿Descargas gratis en la Red? Ummmmm… ¡lagarto, lagarto! Pues sí, MSN amenaza con ofrecer descargas gratuitas de algunas de las canciones que optan a los premios Grammy 2005, en concreto aquellas que el portal cree que tienen más opciones de ganar. Eso sí, con algunas condiciones: sólo se permitirá bajar una canción por persona y día, esa persona deberá residir en EEUU y ser mayor de 18 años, además deberá darse de alta en el servicio de MSN Music y dejar los datos de su tarjeta de crédito.

¿A qué me huele todo esto? A un conocido aroma compartido por dos: promoción tanto de MSN Music como de los artistas cuyas descargas se piensa liberar. Dos pájaros de un tiro: aumento mi clientela a la par que opto descaradamente por determinados aspirantes a los premios, con la carga de publicidad positiva que esto supone para los artistas. No deja de ser un acuerdo comercial, respetuoso con el copyright (tolerado por ambas partes), pero en este caso con una importante novedad: MSN y las discográficas y artistas implicados en la campaña reconocen tácitamente que la descarga gratuita de música en Internet no tiene por qué ser piratería, y que ésta puede suponer una importante herramienta de promoción para sus artistas.

Es decir, que parece que por fin algunos comienzan a darse cuenta (y a reconocer, aunque con cierto disimulo) de lo que muchos llevamos propugnando y defendiendo desde hace algún tiempo: 1) que no toda descarga gratuita en Internet es piratería, 2) que las cifras demuestran que las redes P2P no suponen un descalabaro en las cuentas de resultados de artistas y compañías, 3) que las descargas sin ánimo de lucro suponen una importante vía de promoción para los músicos, y 4) que con un poco menos de mala milk y algo más de sensatez y visión de futuro se puede llegar a un consenso que satisfaga los intereses y derechos de unos y de otros.

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