
En un post anterior realizado a pie de bitácora, cuando la página oficial del Ministerio del Interior ofrecía una participación de poco más del 33% a quince minutos del cierre de los colegios electorales en la Península, sintetizaba la jornada electoral con un Europa no nos ‘pone’. Ahora, con el 100% escrutado y una participación del 42,32%, se hace necesario matizar aquella primera impresión para decir que sí, puede que Europa nos ponga, pero ciertamente nos pone bastante poco.
El sí ha ganado de forma aplastante (76,73%), frente al 17,24% de noes y el 6,03% de votos en blanco… en el marco de una abstención de nada menos que el 57,68%. Es decir, para poner las cosas en su sitio, ante la indiferencia o el rechazo de la mayoría de los españoles con derecho a voto. Sólo el fanatismo que emana de la militancia mal entendida, no ésa que se sirve de las ideas para construir el bien general, sino la de interés particular y sectario, puede distorsionar este resultado haciendo gala de la euforia desproporcionada o de la frustración mal disimulada que han traslucido unos y otros, Gobierno y oposición, socialistas y populares, el no pero sí , el sí pero no.
Poco espacio hay para la euforia o la frustración, los resultados se han ajustado al guión previsto: victoria del sí y escasa participación. Que la opción favorable a la Constitución recibiera el apoyo del 60%, 70% u 80% de los votantes, o que la abstención se cifrara en el 35% o en el 42% era, si me permiten, lo de menos para el efecto real de los comicios, lo de más para la pugna partidaria, el chascarrillo y el navajeo. El único punto de emoción en una cita desapasionada.
Con esta lectura, hablar de victorias de unos y fracasos de otros me parece incluso frívolo y desconsiderado. Escuchar como he escuchado esta noche frases como “la gran mayoría de los españoles ha apostado por Europa” o “el elevado porcentaje de los votos en blancos supone un duro varapalo al Gobierno” me parece, además de inexacto, cómico, tendencioso e inhabilitador para el ejercicio de la política o de la información en nuestro país. El pueblo español ha hablado, y la mayoría de ese pueblo lo ha hecho callando. Otra vez en una consulta europea (recordemos que la participación en las elecciones al Parlamento europeo fue del 45,94%, poco más de tres puntos que las de hoy).
Si yo fuera responsable institucional o líder político realmente comprometido con mi pueblo, estaría preocupado. Muy preocupado. Intentar construir una Europa que deja de lado a la mayor parte de la ciudadanía a golpe de victorias poco menos que pírricas tarde o temprano acabará pasando factura. No habrá Europa sin ciudadanos involucrados, por mucho que desde las esferas económicas y políticas se entienda lo contrario y se recurra a la base social sólo para legitimar unas líneas de actuación y unas estrategias en las que y de las que ésta no participa.
Puede que la UE demande una constitución, pero es seguro que pide a gritos, lo pide a gritos el silencio y la indiferencia de gran parte de sus ciudadanos, un giro de 180 grados en sus planteamientos básicos. La Europa de salón y parqué debe dar paso a la Europa de los ciudadanos, articulando los mecanismos de participación necesarios para acercarla a cada uno de los colectivos y de las regiones, ciudades y barrios que la componen. Sólo así se podrá evitar que este tremendo globo que estamos inflando acaso de humo o aire acabe explotando ante nuestras narices al menor síntoma de contrariedad o disenso.
Soy europeísta como sería también africanista o atlantista si eso significase un avance efectivo hacia el progreso y la paz entre los pueblos. Los casi 11 millones de españoles que hoy han votado sí abren un camino a la esperanza, esperanza que deberá tomar en cuenta ineludiblemente a esos 22,5 millones que se han abstenido, han votado no o lo han hecho en blanco. Porque todos tienen algo que decir al respecto, y porque la plasmación real de esa bella utopía no puede permitirse el lujo de prescindir de ninguno de ellos. Otra Europa es posible, más allá del fanatismo, los intereses egoístas y las batallitas de andar por casa. Hay una Europa posible y amplia, participativa y ciudadana que espera ansiosa ser descubierta. Esperemos que quienes pueden, sepan corregir el rumbo. La historia demuestra que cuando los gobernantes se muestran incapaces de responder a las expectativas, los pueblos acaban por hacerse con las riendas.
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Yo ya me despido por esta noche. Hasta mañana será.
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{ 1 comentario }
¿ Te columpiaste con las cifras reales de la población con derecho a voto, o se columpiaron desde Interior ?
Independientemente de ello, es una derrota estamental en toda regla.
La ley debiera modificarse y establecer que si no existe una participación de las tres cuartas partes del electorado, los plebiscitos no tienen validez.
E incentivar el voto como no sólo un derecho, sino una obligación necesaria y responsable.
La evolución de lo que pasa en Europa, con la perspectiva del tiempo transcurrido, es tan lamentable y patética que no me extraña la indiferencia que provoca.
Esa participación y puntos de encuentro no partidistas para alcanzar mayores cotas de bienestar general , y el desarrollo real que España necesita, es algo con lo que tampoco comulga una gran mayoría.
La Unión Europea es una falacia, por las disensiones de facto que existen.
Lo mismo se puede decir de nuestro país.
Saludos
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