Justo Serna:

“He leído estos días un libro de Alejandro Piscitelli titulado ‘Internet, la imprenta del siglo XXI’. Entre otras cosas, este volumen es una sensatísima revisión de las potencialidades de la Red, un examen sucinto pero exacto de los recursos y desarrollos de la ‘blogosfera’ y sobre todo una defensa de la idea de bitácora como espacio de contenidos, de juicios, de reflexiones. Hablando precisamente de los cambios experimentados por las bitácoras tras los conflictos de Irak, decía: “Es cada vez más claro que el objetivo del futuro inmediato no será obtener más información (la que tenemos nos desborda permanentemente), sino volver inteligible la preexistente (…). En síntesis, habrá que elegir, es decir dejar fuera de nuestro foco de atención el 99% de toda la información disponible (…). En un mundo infoxicado es mucho más importante desinformarse que sobreinformarse. Necesitamos acudir a pocos datos, sólo los importantes. A pocas interpretaciones, las más atinentes”.

(…) Comparto esa descripción. En efecto, me gustaría leer más frecuentemente bitácoras en las que el autor expresara el devenir mismo de su pensamiento, su constitución, su forma incluso caótica, su fragmentación, por supuesto, pero también el azar que inspira los ruidos de su cerebro. Digo esto y me acuerdo, ustedes me perdonarán, de Michel de Montaigne, de su forma rica, plural y variada de escribir un diario que es registro inestable de sus elucidaciones”.

Más en Para qué sirve una bitácora (Periodista Digital).

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