“El Consejo de Ministros aprobará en abril el denominado ‘plan antipiratería’, que incluirá medidas normativas y de prevención y en el que estarán involucrados 11 ministerios, según anunció la titular de Cultura, Carmen Calvo. La ministra informó de que el Ejecutivo ya tiene listo el plan y entrará en la agenda del Consejo de Ministros de la próxima semana o de la siguiente.

Carmen Calvo charla con el presidente de la FEMP, Francisco Vázquez, antes de firmar un convenio de protección de derechos de autor. (EFE)
El proyecto recogerá iniciativas legislativas y educadoras relacionadas con la venta callejera y las descargas a través de Internet, entre ellas el impulso de una nueva Ley de Propiedad Intelectual”.

Poco más tenemos que decir sobre el particular que no hayamos comentado anteriormente. Excelente la iniciativa de combatir la piratería, es decir la copia ilegal de obras de arte con fines lucrativos, pero deplorable el empeño de extender ese ámbito y esa ley a las descargas o copias privadas, en un torpe gesto que supone una trasgresión legal y la criminalización de la ciudadanía.

Sólo resta esperar a conocer la redacción definitiva del texto y si la balanza se inclina más o menos del lado de los intereses comerciales de compañías y gestoras de derechos de autor o del interés general. Sorprende aún contemplar exabruptos de gente tan admirada y supuestamente progresista que clama por la represión abierta contra todo lo que no sea pasar por la caja registradora y el abuso en la relación vendedor-consumidor. Una auténtica penita, pero que ayuda a ir colocando a cada cual en el sitio que realmente le corresponde.

Reconforta, por otro lado, manifestaciones un tanto más sensatas como las que plasma hoy Miguel Ríos en un artículo de opinión en El País (de pago), distinguiendo claramente entre top manta y copia y distribución privadas:

“La posibilidad de clonar nuestro esfuerzo en “copias privadas” nunca me pareció mal. Que alguien se copie mis discos y los regale a quien quiera me halaga. Ahora, que las copias sean “públicas”, se pague por ellas, y, además, sirva como argumento el bajo precio del producto robado, para afear nuestras protestas llamándonos peseteros, me parece perverso. Y ahí entra la sociedad”.

Especialmente cuando cada vez más estudios demuestran que el trasiego de música o vídeo a través de las redes P2P no sólo no supone una merma en las arcas de músicos y mercaderes, sino que, muy al contrario, comienza a contribuir decididamente en la recuperación del sector. No hay más ciego que el que no quiere ver, ni más inquisidor que el que se aferra a la ignorancia o a la pura y dura especulación.

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