Autoratis blues

Si Asterix levantase la cabeza… Ahora resulta que la libre descarga de contenidos en la Red “destruye la diversidad cultural“. No, no es broma ni se ha dicho bajo los efectos de elixir alguno (bueno, esto último no lo podría confirmar al cien por cien); lo han afirmado los representantes de la Autorius Societae reunidos, suponemos que a costa (en todo o en parte) del erario público que pagamos todos los ciberpiratas vikingos de Hispania, en Santiago de Compostela para exigir, por un lado, que se persiga a todo aquel que posea un ordenador o un grabador de CD, y por el otro, que les liberen de la pesada carga del control económico-gubernamental.

Estaban más cuerdos los romanos, porque éstos no dan ni una. Aun situándonos en el aspecto auténticamente delictivo de la cuestión, es decir pura y exclusivamente el top-manta, y coincidiendo plenamente en que se trata de una actividad que debe ser erradicada, no vemos en qué medida puede contribuir a destrucción alguna de la diversidad cultural, sino más bien a todo lo contrario. La distribución, aun ilícita reiteramos, de cualquier material no puede incidir más que en una promoción de la citada diversidad. Así que ni les cuento lo de las descargas en la Red o las copias privadas sin ánimo de lucro, vías a través de las cuales se está produciendo una revolución mundial en el terreno del arte amparada en esa otra revolución de las tecnologías. Jamás en la historia de la humanidad las ideas y el arte se habían difundido tanto ni con tanto éxito como ahora. Eso sí, se trata de una difusión democrática, en la que cada autor juega desnudo ante sus potenciales seguidores, y no ésa que añoran y a la que se aferran los Caesar Imperators de la industria, la nobleza musical y las cortes de gestión intelectual.

Los romanos, que eran muy antiguos e imperiales, eran más sensatos. Y hasta demócratas y todo puestos en comparación. No le extraña a uno nada, pues, que las Galias anden así de alborotadas y menos le extrañaría aún que la cosa se le acabase por ir definitivamente de las manos a los imperators y senatores. Pues escrito está que los enemigos del futuro acaban siempre olvidados bajo los menhires del pasado. Y si no estaba escrito, ya lo está, ea.

Están locos estos autores.

Share