La democracia ha vuelto a demostrar que, hoy por hoy y en lo que a logros políticos se refiere, sigue siendo el único sistema capaz de dejar a todos satisfechos. Todos ganan. Jamás hay perdedor. Es más, se puede ganar y perder a la vez, revalidando la máxima dialéctica de la lucha de contrarios. Todo es posible, y aún más en domingo:

1) Ibarretxe (y el PNVEA con él) pierde, nada menos que cuatro escaños; pero gana, continúa siendo la fuerza política más votada y la encargada de liderar el proyecto vasco durante los próximos cuatro años.

2) El PSE gana, incrementa su presencia parlamentaria en cinco escaños y recupera su condición de segunda fuerza electoral; pero pierde, su estrategia de legalizar al Partido Comunista de las Tierras Vascas con el objetivo de debilitar al PNV sólo ha funcionado a medias.

3) El PP pierde, el que más pierde, pues no sólo ve reducido su número de escaños (cuatro), sino que se desmorona en el ranking de fuerzas políticas vascas, pasando a ocupar la tercera posición; pero gana… ¿? Quizá saca algún rédito de la reactivación abertzale en su particular pugna y duelo de reproches con los socialistas.

4) El Partido Comunista de las Tierras Vascas gana, dos escaños sobre la última participación de Euskal Herritarrok-Batasuna; pero pierde, las opciones no nacionalistas experimentan un ligero ascenso en las urnas (33 escaños frente a los 32 de 2001).

5) Ezker Batua-Berdeak ni pierde ni gana, sino todo lo contrario.

6) Aralar gana, accede por ver primera al Parlamento; pero pierde, su mensaje de paz no acaba de calar entre los independentistas.

Moralejas:

El puzzle vasco continúa igual o más complicado que antes de las elecciones. Todas las opciones, a excepción de la abertzale, parecen haber alcanzado su techo, lo cual lejos de serenar el ambiente, amenaza con agravarlo aún más.

No se entiende muy bien que se hable a bombo y platillo de que el plan Ibarretxe ha muerto. Bien es cierto que el propio lehendakari en funciones ha sufrido un duro varapalo. pero no es menos cierto que estamos ante un hombre poco a dado a reconocer errores o fracasos y que, lo que ha perdido en su propio territorio, lo ha ganado en el ascenso abertzale, condición ésta que puede convertirse en un nuevo argumento estrella para el desarrollo de su plan, lleve éste el nombre que lleve.

Cualquier opción de gobierno pasa por el PNV. El resto de las fuerzas políticas, exceptuando las minoritarias (EB y Aralar, que se sumarían con gusto a cualquier acuerdo) deberán rectificar algunos de sus postulados-bandera si pretenden integrarse en algún pacto. El mejor situado es el PCTV, auténtica bisagra de cualquier opción, si bien parece más dispuesto a apoyos puntuales y externos en el marco de un pacto nacionalista que a cerrar acuerdos globales.

El diálogo vuelve a erigirse como única opción válida para una resolución pacífica del problema vasco. En una sociedad tan fragmentada y definida en lo político, la única vía posible es la negociación. El encono y la radicalización no han traído ni traerán nada bueno. Cuestión de altas miras. Si en democracia todos pueden ganar y perder a la vez, en la paz no hay más que victoria. Una victoria compartida, valiente, inteligente e imaginativa. Ésa es la auténtica lección de estas elecciones y ése es el verdadero reto para unos y para otros.

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