Sigo de cerca, con cierta perplejidad, el enorme ascenso que está experimentado Bloguilandia, el servicio de bitácoras de MSN-Microsoft. Cierto es que se trata de una perplejidad voluntaria, pues, aunque entiendo los factores que pueden estar contribuyendo a este éxito (garantía, es un decir, de la empresa que proporciona el servicio, facilidad de inscripción y publicación…), me empeño en tomar en consideración otros aspectos que, en mi opinión, atentan directamente contra pilares sustanciales de la blogosfera, como es la censura en formas y contenidos.

Si hace apenas dos semanas informábamos de que el número de blogs en MSN Spaces era ya de 4,5 millones, ahora la cifra se eleva a los 7 millones (y subiendo), con una media de creación de bitácoras de 100.000 al día. Sorprendente.

Sin embargo, debemos aplicar aquí, quizá en mayor grado que en otras plataformas, el viejo argumento antiestadísticoblogosférico (con perdón) que reza “habría que ver cuántas de esas bitácoras se mantienen activas y cuáles son sus contenidos”. Y ciertamente, haciendo un pequeño repaso por los blogs listados en Bloguilandia nos hacemos rápidamente una idea del perfil: bitácoras personales que, en su mayoría (y con honrosas excepciones) trasladan a sus posts la filosofía del IRC, del chat de toda la vida, vamos. Una especie de huida del OP para despacharse a gusto, y en formato protagonista, para caer en las garras de ese otro gran y único OP llamado Papá Microsoft. Es una suerte de monoteísmo chatero y adolescente, quizá la evolución máxima (como aquél lo es en la historia de las religiones) de las distintas sectas y tribus del IRC. No extraña, por tanto, que la influencia en los grandes foros blogosféricos y la referencia a ellos en otras bitácoras, estudios o medios de comunicación brille por su ausencia.

Es posible que todo se deba a un desconocimiento por parte de los usuarios de lo que es realmente un blog. Es posible que se deba al desconocimiento de las auténticas herramientas de publicación de bitácoras. Es posible, como decíamos al principio, que tenga que ver con la facilidad e inmediatez de uso o con el cobijo de una gran empresa como es Microsoft. Es posible que responda al criterio de “como es gratis, MSN puede poner las normas que quiera”. Es posible que estemos ante la explosión de un nuevo fenómeno: la bitácora-chat. O es posible, simple y llanamente, que a la gente le vaya la marcha. Es decir, que eso de la libertad de expresión no sea más que el anhelo de cuatro locos que, como el que suscribe, sueñan demasiado con derechos que al resto de los mortales le dan exactamente igual.

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