Alfonso López Trujillo, presidente del Pontificio Consejo para la Familia del Vaticano, sobre el matrimonio homosexual:

“No podemos imponer cosas injustas a las personas. Por ello, la Iglesia llama con urgencia a que las empleados municipales encargados de celebrar tales bodas se acojan a la objeción de conciencia y no celebren tales matrimonios, incluso si por ello pierden su empleo”.

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Sólo una pregunta: Vale que la fe es el alimento del alma, pero ¿si alguien pierde su trabajo por ella alentado por el llamamiento vaticano, qué contraprestación piensa darle la Iglesia? Me refiero en este caso al alimento del cuerpo del creyente y el de toda su familia. ¿Costeará el Vaticano los gastos derivados de la fe y el desempleo?

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