Bien, parece que el cerco en torno a Jorge Cortell se estrecha. No ha sido suficiente con expulsarle de la cátedra máster que mantenía en la Universidad de Valencia, sino que ahora se venden algunos puntos oscuros de su currículum como prueba irrefutable de que estamos ante un cantamañanas. El sistema es implacable con quienes osan cuestionarlo.

Al respecto sólo tengo que decir tres cosas:

– Me parecería mal y supondría para mí una decepción que se confirmase que Cortell ha incluido en su currículum títulos falsos o, para ser más exactos, títulos comprados sin valor académico alguno. No comulgo con la estafa.

– Resulta curioso que este aspecto haya salido a la luz ahora, en el momento en que Cortell libra una dura y costosa batalla por defender sus ideas, que no son otras que las de proclamar a los cuatro vientos la legalidad de las descargas (o de algún tipo de ellas) a través de las redes P2P.

– Mi simpatía por Cortell no radica en la cantidad o validez de los títulos que pueda ostentar, sino precisamente en su defensa de un nuevo sistema de relaciones entre el autor y el usuario, y sobre todo en su osadía y sus argumentos. Por lo que todo este revuelo no va a incidir en lo más mínimo en la imagen y concepto que tengo de él en esta última faceta de su personalidad.

Todo me suena un poco a caza de brujas. Aunque también me parece correcto que se conozca toda la verdad.

(Vía Chavalina).

Actualización (23 may-10.22 h):
Como bien refleja el trackback que nos hace Memed, Cortell ha aclarado todo el embrollo. Conclusión: estamos ante un ataque personal injustificado que sólo busca desprestigiar las ideas que defiende. Bingo.

Share