1 de junio. Un mal día lo tiene cualquiera. En este caso, yo.. y, claro, mis circunstancias. ¿Cuáles? Dos pinceladas, para que te hagas una idea:

# Pincelada 1: Amanezco como cada día dispuesto a repasar las novedades en la Red (blogosfera incluida, of course). Mangas Verdes es mi página de inicio, para qué te voy a engañar, pero hete aquí que en lugar de ojos verdes me encuentro con pantallazo blanco (¿tú, también?):

“The requested URL could not be retrieved

While trying to retrieve the URL: http://mangasverdes.es/

The following error was encountered:

Unable to determine IP address from host name for http://www.proyectoisla.com

The dnsserver returned:

Name Error: The domain name does not exist.

This means that:

The cache was not able to resolve the hostname presented in the URL.
Check if the address is correct.”

¿The domain name does not exist? ¡Pero si lo acabo de renovar! Y tan cierto. Debido a un malentendedido entre mi hosting y yo, el dominio había caducado. Todo el día peleándome con la compañía, reenviándoles facturas, correos de confirmación…. Al final, caso resuelto (como puedes comprobar). Por un momento pensé que me quedaba sin Proyecto Isla para siempre; luego, que tardaría al menos una semana en recuperarla. Al final, menos de 24 horas. Podía haber sido peor.

# Pincelada 2: Llegaban peces nuevos a la tienda-acuario. Madrugo para no perderme nada. Me hago con un un pez ángel emperador impresionante y dos lábridos de bellos colores, además de cuatro corales que cortan la respiración. Los introduzco en mi urna marina y todo un espectáculo. Se adaptan a la perfección, los nuevos se llevan perfectamente con los ya residentes, los colores inundan el paisaje y los valores del agua, genial. ¿Quién dijo que esto era difícil?

A media tarde, salgo disparado del trabajo. Me acaban de llamar: por la terraza de mi casa chorrea un torrente de agua. ¿Lavadora?, ¿lavavajillas?… ¿acuario? Mis temores se confirman: la lámpara UV que esteriliza el agua y va adherida a un costado de la urna ha caído y arrastrado con ella la manguera que devuelve el agua filtrada al acuario. Vamos, resumiendo, casi 300 litros de agua por el salón y el acuario prácticamente vacío.

Manos a la obra. Tres horas y media de trabajo. Sólo han muerto dos gambitas y quizá uno de los lábridos nuevos, aunque puede también que ande escondido por el estrés. Los corales tendré que irlos observando estos días. Al llegar a casa y ver la escena pensé que me quedaba sin nada: la ruptura del equilibrio en un acuario marino suele ser fatal. Además, el agua no llegó a penetrar en el enjambre de enchufes que alimentan los sistemas del acuario, de haberlo hecho, la cosa hubiese sido con toda seguridad mucho peor.

Y alguna que otra cosilla más que me ahorro para no aburrirte. Suerte que ya es día 2.

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