Como contribución al debate en torno al matrimonio entre personas de condición homosexual, trigo aquí una interesante reflexión de un profesor de Geografía e Historia de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, publicada en un suelto del periódico La Provincia. El periódico no facilita el nombre del autor, pero quizá eso sea lo de menos.

La opinión de este profesor se centra en la idoneidad o no de denominar matrimonio a la unión legal entre homosexuales, entrando precisamente en una de mis principales dudas respecto a esta polémica (ojo, que dude sobre el nombre que se le deba dar a la unión no quiere decir que no apoye decididamente el derecho del colectivo a regularizar su situación, incluyendo que deseen llamarla matrimonio como reivindicación de su igualdad de derechos constitucionales).

El profesor en cuestión entiende que, dado que “tradicionalmente decimos que matrimonio es la unión de hombre y mujer” y que patrimonio significa “bienes procedente de los padres” (que en español incluye a padre y madre”, quizá lo conveniente sería instaurar dos nuevos términos: andrimonio (unión de personas del sexo masculino) y uxorimonio (unión de personas del sexo femenino).

“Y todas estas uniones, revestirlas de los mismos derechos y obligaciones civiles”.

Interesante propuesta, sin duda, digna de tomarse en consideración.

Por otro lado, recomiendo también la lectura de Polaino no debe hablar (Internet y Política) y del enlace que aporta José Luis Orihuela en los comentarios sobre un artículo de Cristina López Schlichting (No soporte lo caza de brujas) referenciado por Nacho Escolar.

En este sentido, sigo creyendo que la caza de brujas es la que soportan los homosexuales y no los científicos que los consideran enfermos. Con todo el respeto que, desde luego, se merecen ambos. Y como parece que la única teoría cinetífica al respecto es la que defiende el señor Aquilino, aquí les dejo un interesante informe que puede servir para el contraste.

Share