El Gobierno chino se la tiene jurada a la blogosfera. A Internet en general (se calcula que en China hay unos 100 millones de internautas, 5 millones de ellos bloggers), y a todo aquel espacio de libre expresión que escape a su control y censura, pero a los bloggers muy en particular. La actitud represora e intolerante de China con respecto a la Red no supone ninguna novedad, lo que sí lo supone es que, lejos de relajar el férreo puño con que se maneja en estas cuestiones, haya decidido endurecerlo aún más aprobando un paquete de nuevas medidas para el control de la información en Internet.

La medidas afectan especialmente a las bitácoras y a las páginas que ofrecen pornografía (ahí es nada la comparación, se ve que los dirigentes chinos están en las claves), y van desde la prohibición de “los contenidos que dañan la seguridad nacional, revela secretos del Estado y mina la unidad del país” o de los mensajes que instiguen reuniones ilegales, la formación de asociaciones, marchas, demostraciones o provoque disturbios en el orden social” al bloqueo de páginas con información sobre noticias de actualidad de temática social y política que no sean del agrado de los gobernantes.

Por si fuera poco, algunos analistas aseguran que el control sobre la blogosfera, e Internet en su conjunto, no sólo es la consecuencia lógica de un régimen muy poco dado a flirtear con la libertad, sino que no es más que la punta de un iceberg bajo la que se esconde, en un futuro próximo, una regulación igulamente restrictiva de la telefonía móvil.

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