Sida

Las teorías conspiratorias en torno al sida se remontan a la misma irrupción de la enfermedad a principios de los ochenta. A pesar de los esfuerzos de los gobiernos y de buena parte de la comunidad científica por enterrar las leyendas y centrarse en la búsqueda de un remedio eficaz y definitivo, lo cierto es que son varios también los científicos, analistas e investigadores que insisten en cuestionar las causas de su aparición, así como el enfoque y el tratamiento de la conocida como pandemia del siglo XXI.

Robin Good publica un informe sobre estas teorías alternativas en un artículo titulado ¿Los medios no están diciendo la verdad?, como si todos los medios del mundo supiesen una verdad por ahora indemostrable y se hubiesen confabulado en algún tipo de conspiración cómplice para auspiciar, o cuanto menos respaldar, el oscurantismo en torno a la enfermedad. Un punto de vista algo más que delirante que, sin embargo, se sustenta en informes científicos alternativos en los que los medios nada tienen que ver, cuyas conclusiones resultan, a la par, sorprendentes e inquietantes, y que apuntan siempre en una misma dirección: el sida sería producto de los experimentos militares bacteriológicos de los EEUU.

Ahora bien, los adeptos a esta teoría se dividen en dos bandos:

a) Los que consideran que fue un accidente, un escape en un laboratorio.

b) Los que aseguran que es producto de un plan preconcebido.

Entre los primeros se encuentra Sepp Hasslberger de Health Supreme, quien sostiene que se trata de una variante del virus de la peste porcina africana, manipulado en Haití en la años sesenta y setenta en la preparación de una guerra biológica contra Cuba. De hecho, dos de los primeros pacientes de sida fueron haitianos migrados a Boston.

Entre los segundos está el profesor Don Scott, de la Common Cause
Medical Research Foundation
, que no duda en afirmar, según recoge Good, que

“El sida es una operación del gobierno de Estados Unidos dirigida hacia el control de la población, el cual se desarrolló de investigaciones secretas en agentes causantes de la enfermedad, en laboratorios de bioguerra del gobierno”.

Afirmación que se basa en algunos documentos sobre experimentos civiles y militares con virus y sus correspondientes pruebas en conejillos de indias humanos. Pone los pelos de punta echar un vistazo (y, sobre todo, darle crédito) a la cronología de la enfermedad trazada por Boyd Graves, que arranca en 1893 y desemboca en noviembre de 2000, y en la que se revelan importantes proyectos del Gobierno de EEUU en torno a la manipulación de material biológico con fines militares.

Pero eso no es todo, hay quien extiende la teoría conspiratoria al tratamiento de la enfermedad, argumentando que los medicamentos que se aplican en la actualidad son no sólo inútiles, sino peores incluso que el virus al que se pretende combatir, y que la única curación radica en una buen régimen alimenticio y en tratamientos naturales.

Robin Good (la versión en español que publica Miguel Corsi), resume dudas y alternativas en el siguiente esquema:

* El VIH nunca ha sido correctamente aislado

* El VIH no está presente en número suficiente en la sangre de la víctima “infectada” para explicar el daño cometido

* no hay un test apropiado para probar inequívocamente la infección con VIH

* El AZT y otras drogas anti-retrovirales son altamente tóxicas matando al paciente en vez del virus

* aquellos “infectados” que se mantuvieron alejados de las drogas y fortificaron su propio sistema inmune mediante una nutrición adecuada y otras intervenciones naturales parecen sobrevivir y realmente rara vez, si no nunca, pasan a esas en enfermedades “oportunistas” que provocan el SIDA.

Ante este tipo de teorías, hay que recordar que están también las oficiales, y otras no tan oficiales, pero menos escandalosas.

¿Dónde está la verdad? Quizás lo sepamos algún día o quizás no lo sepamos nunca. Tal vez la verdad es, simplemente, lo que ya sabemos. Pero, en cualquier caso, sea cual sea, los millones de damnificados y el planeta entero se merece que salga a relucir y se obre en consecuencia. En un caso, asumiendo responsabilidades y habilitando toda la información y todos los medios para acabar con esta plaga. Y en el otro, olvidándose de teorías conspirativas y arrimando el hombro para combatir y desterrar esta terrible enfermedad.

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