Haro Tecglen se ha ido como vivió, es decir como incansable cronista de la época que le tocó vivir. De las épocas, en su caso. Su último artículo se centra, precisamente, en uno de los aspectos más polémicos de la actualidad, el denominado Estatuto del Periodista, del que ya hemos hablado en varias ocasiones en Mangas Verdes. Regocija ver la claridad de ideas y la coincidencia con la postura que aquí y en otros sitios mantenemos:

“Un periodista no debe tener más ni menos obligaciones que una persona cualquiera: las laborales deben estar regidas por los acuerdos de su sindicato y sus patronos, en este régimen, y las de la posibilidad de escribir no deben tener más límites que los del Código: es decir, lo que pesa sobre cualquier ciudadano. Como la libertad de prensa no es un derecho del periodista, sino del ciudadano: el periodista es quien la trabaja hasta el punto en que le dejen, y eso no lo va a resolver un estatuto, por muchas cláusulas de conciencia que establezca. Peor: porque cada definición que se haga de la libertad de prensa es, al mismo tiempo, una definición de cuántas cosas se pueden hacer al margen de ella”.

Fuente: El País (gracias, Jordi)
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Por cierto, la familia de Haro Tecglen agradece, una vez más desde la bitácora del autor, las muestras de condolencia.

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