Hace 30 años un maestro cariacontecido nos mandaba a casa, creo que a primeras horas de la mañana: Franco ha muerto, dijo, u otro aserto igual de incomprensible pero de semejante solemnidad. Nosotros decidimos entonces ir a jugar al fútbol a un campo de tierra, junto al colegio. Con 13 años recién cumplidos, Franco no era gran cosa, en ese instante quizás sólo una buena excusa para un día de asueto y para montar un liguilla improvisada en el estadio de la inocencia.

El fragor del segundo partido fue interrumpido por una voz y una presencia siempre terrible: un guardia urbano, que nos conminaba con gritos y gestos a abandonar el lugar y guardar el debido respeto. No sé si fue en ese momento o siete años después, tras el cutregolpe de Tejero, cuando caí en la cuenta de que España y yo nos habíamos involucrado en un nuevo destino: el tortuoso y apasionante camino hacia la madurez a través del insondable sendero de la adolescencia democrática.

¿Y tú, dónde estabas tú el 20 de noviembre de 1975? Quiero decir, si es que realmente estabas. Si no habías nacido, nos podrías contar dónde te hubiera gustado estar… o cuál es tu dibujo animado favorito.

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