Gran Hermano

Google no es una ONG, ni un movimiento de liberación, ni siquiera es una célula comercial de Amnistía Internacional o Reporteros Sin Fronteras. Larry Page no es el Che Guevara ni tampoco nos atreveríamos decir que Sergey Brin guarde parecido ideológico alguno con Gandhi o Luther King. Google, al igual que Yahoo, Microsoft, Carrefour, El Corte Inglés, Telefónica o el supermercado que tengo al lado de casa son empresas. Y sus acciones y reacciones se enmarcan dentro de las leyes del mercado. Unas nos serán más simpáticas y otras bastante menos, pero lo que no podemos esperar de ninguna de ellas es que renuncien a su declarada búsqueda de beneficios en aras de la defensa de este o aquel derecho fundamental.

Por tanto, resulta sorprendente asistir al rasgado de vestiduras que se está produciendo dentro y fuera de la Red a raíz de la noticia de que el popular buscador ha decidido crear una versión censurada de su motor para adaptarse a las exigencias del Gobierno chino. Sobre todo, a escasos días de que todos aplaudieran su negativa en redondo a facilitar datos a las autoridades estadounidenses. Muchos se muestran desconcertados y otros muchos ponen el grito en el cielo. Pero lo cierto es que hay una lógica bastante simple en todo esto: negarse a revelar datos de tus clientes vende mucho en Estados Unidos y en todo el mundo occidental; negarse a colaborar con el régimen no vende nada, absolutamente nada en la China capitalcomunista. Y de lo que se trata, precisamente, queridos ilusos míos, es de vender.

De lo más cuerdo que he leído estos días es el artículo de Enrique Dans sobre su experiencia con la censura china, no tanto por justificarla como por comprenderla, que dicen suele ser el primer paso para combatirla. Supongo que igual nivel de comprensión se debería aplicar a Cuba, Irán o cualquier otro sistema contrario a las libertades, al menos como las entendemos desde la perspectiva democrática. No resulta casual que todas, absolutamente todas las grandes empresas del planeta (y muchas otras menos grandes también), y la gran mayoría de los gobiernos del mundo (con los occidentales a la cabeza) beban las aguas por hacer tratos con China. China es hoy por hoy el Gran Hermano de la economía internacional, y la lógica del mercado obliga a rendirle culto, colaboración y pleitesía.

Quien esperaba otra cosa de Google era sencillamente un iluso. Ya lo he dicho en alguna ocasión: “Cuando el dinero no entra por la puerta, la ideología salta por la ventana”.

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