Vía ALT1040 me informo de que la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) ha aceptado la reclamación de Planeta Agostini contra Eduardo Pérez (Minilobo) por el dominio deusto.com. Eduardo pide ayuda una vez más y colaboración para redactar el recurso ante esa instancia, pero en todo esto hay cosas que tengo claras y cosas que no logro entender, así que voy a plasmarlas por si alguien tiene a bien cambiar impresiones al respecto:

1. Estoy totalmente en contra de la especulación con los nombres de dominio. Es una treta fea, en la más pura tradición de la picaresca y, además, totalmente ilegal. Sin embargo, también estoy en contra del trato favorable hacia aquellos, empresas o particulares, con un amplio poder económico y, por tanto, medios legales suficientes como para aplastar cualquier resistencia más allá de lo que la justicia bien entendida o el sentido común imponen.

2. En el caso que tratamos parece claro que no estamos ante especulación alguna. Los datos cronológicos indican que Planeta Agostini cometió un error de bulto en su estrategia de implantación en Internet al dilatar por causas que desconocemos el registro de una marca y un dominio de tanta importancia para la compañía. Un error que ahora quiere hacer pagar a Eduardo por la vía ejecutiva, lo cual me parece igual de grave o más, proveniendo de un ‘poderoso’, que el ejercicio de especulación del que hablaba en el punto anterior. Eduardo registró su dominio y comenzó a publicar su página de forma efectiva con tanta antelación a la denuncia de Planeta que cualquier atisbo de mala fe se me antoja algo remoto.

3. Si el criterio es que finalmente cualquier marca comercial tiene derecho a su correspondiente dominio en la Red y en toda su extensión (com, net, es, org…), lo lógico sería cambiar la Ley para que ningún particular o colectivo pueda adquirir los dominios de marcas existentes o se les advierta de que en caso de que ese nombre se registre como marca a posteriori perderá todos sus derechos sobre él. Esto nos ahorraría dinero, tiempo, pleitos y malos tragos. Lo lógico es que todo aquel que registre un dominio acabe registrando también la marca para evitarse sobresaltos.

4. Lo que no entiendo tanto es la postura de Eduardo al respecto, limitando su defensa a ‘menear’ el asunto en la Red, a sabiendas de que sólo un buen apoyo legal podrá contribuir de forma efectiva a hacerle ganar el caso. Eso, o que Planeta Agostini, acosada por la publicidad negativa, decida dar marcha atrás, algo que hoy por hoy me parece improbable. Eduardo alega que no tiene dinero para pagarse un abogado, pero si realmente quiere mantener su dominio me temo que eso es lo único que puede hacer. Hay vías de solidaridad que se pueden tocar: perdir aportaciones o contactar con colecivos de defensa de los cibernautas, que suelen prestar sus equipos jurídicos para este tipo de disputas. Pero, que yo sepa, Eduardo no trabaja en esas opciones.

5. El hecho de que su respuesta a la toma en consideración por parte de la denuncia de Planeta Agostini por parte de la OMPI sea simplemente invitar a los usarios a ayudarle a redactar el recurso me parece simplemente pueril… y me plantea alguna duda: ¿está realmente Eduardo interesado en recuperar deusto.com o busca convertirse en una blogoestrella promocionando sus bitácoras y su nueva web? De hecho, las respuestas a su proposición son escasas y más bien críticas. Si Digg, Barrapunto, Menéame y un buen número de bloggers, muchos de ellos influyentes, se han hecho eco del asunto, Eduardo debe acumular ya un número de visitas considerable. Si su cruzada se reduce a esto, estaríamos ante una tomadura de pelo. Y, sinceramente, espero que no sea así.

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