Fue hoy al mediodía. Regresaba a casa del trabajo para reponer fuerzas. Iba tan tranquilo en mi Piaggio Typhoon (un ciclomotor) cuando, de pronto, en una curva, un buen hombre o mujer (ni lo vi) que circulaba con su coche por la izquierda se pasa a la derecha (supongo que sin mirar) y me saca de la carretera. Maniobrando como pude fui a dar con un reguero de gravilla. Plaf. Moto y motero por los suelos.

Pa’bernos matao. Pero no. Afortunadamente iba bien protegido (no quiro ni pensar si el accidente hubiese ocurrido en verano) y, aunque chupa, guantes y botas han quedado para el arrastre, de mi cuerpo acabó malparado el brazo izquierdo, que se me salió de ese lugar en el que la naturaleza tan sabiamente lo ha colocado. Yo, que había visto en el fútbol que las luxaciones de hombro se arreglaban en un periquete, me hice ilusiones. Sólo se arreglan pronto si se atiende en los primeros cinco minutos, luego ya es una odisea. Así que mi hombro volvió a su sitio como dos horas después.

Ahora tengo el brazo en cabestrillo y andaré manco unos 15 días, al menos. Este post me ha costado lo suyo, el doble que un post escrito a dos manos. Así que supongo que mi frecuencia de posteo será directamente proporcional a mi actual torpeza y que publicaré más o menos la mitad que antes.

Sé que las condolencias (y alguna que otra carcajada) serán inevitables, pero sí les rogaría que si se quieren solidarizar con el menda, más que condolencias preferiría que me dejaran chistes, anécdotas, curiosidades, flores, poemas y todo ese tipo de cosas que nos puedan ayudar a pasar con una sonrisa esta convalecencia.

Ah, el del coche se dio a la fuga. Igual ni se enteró.

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