“El derecho de autor es nuestro salario y no vamos a renunciar a él. Esto es lo que también opina el legislador y lo que, en ocasiones, la industria no reconoce. Los autores no entendemos que ciertos sectores empresariales, que fabrican y comercian esos soportes vírgenes que los consumidores emplean
para disfrutar de nuestras obras, se obstinen en negar la existencia de la compensación por copia privada, pese a la posición muy firme de los representantes políticos, que defienden la postura autoral”.

Firman Víctor Manuel y 40 autores más (PDF).

Me llama especialmente la atención de la amplia representación canaria: Elfidio Alonso (Los Sabandeños), Braulio, Arístides Moreno, José Antonio Ramos, Benito Cabrera, Luis Morera (Taburiente), Miguel Pérez (Taburiente) y José Eduardo Martín (Taburiente). La mayoría gente con la que he compartido escenario y sueños de libertad, la mayoría también marginados de los circuitos oficiales del cultural business nacional que ahora recurre a ellos. Todos aparecen juntos al final de la lista. ¿Cómo los habrán reclutado? ¿Alguna contraprestación? Ah, también, todos ellos han sido habitualmente subvencionados y contratados por cabildos, ayuntamientos y Gobierno de Canarias. Es decir, con el dinero de todos esos que ahora quieren expoliar.

Para contrastar argumentos, puedes leer Ley de Propiedad Intelectual: compartir no es el fin, es el mejor de los principios.

Vía: Enrique Mateu:

“Lo que pide en su artículo es que se les pague un dinero por todos los CDs y DVDs vírgenes que se fabriquen, tanto se terminen utilizando para grabar la músicas que yo mismo componga bajo licencia copyleft, como si los utilizo para hacer los backups de mis trabajos, o como si los utilizo para las copias de seguridad de mis archivos. Esta cifra que pide y que él considera “irrelevante proporcionalmente” según publicó El Mundo asciende a 36 millones de euros por año”.


Actualización (03 mar-14.36 h):
Me he estado informando sobre la representación canaria en esta lista, y parece que en buena parte de los casos se trata de una especie de mimetismo corporativista mal entendido o forzado. Se me ha insinuado la palabra ‘temor’. Eso me alivia bastante en lo que al aspecto personal se refiere.

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