A finales del pasado año, el Gobierno francés sufrió un duro varapalo en su intento de penalizar la descarga de archivos a través de las redes P2P. Varios diputados de la mayoría conservadora se unieron a la oposición centrista y conservadora para aprobar el libre intercambio de cultura en la Red sin remumeración alguna para los creadores. Un duro varapalo que provocó una fuerte polémica y una airada reacción de la mayoría gobernante. Haciendo gala de un muy mal perder, el Gobierno decidió entonces retirar el proyecto de reforma de la ley de derechos de autor hasta disponer de una estrategia más adecuada.

Ahora, tres meses después de su derrota, los conservadores vuelven a la carga con la presentación de un nuevo texto del que, oh sorpresa, ha desaparecido la enmienda que legalizaba el P2P, lo cual ha sido considerado por la oposición conmo una artimaña intolerable y un atentado contra la decisión soberana del Parlamento.

Intereses muy fuertes deben andar barajando los gobiernos de los países occidentales cuando recurren a todo tipo de estratagemas para endurecer las leyes del copyright en contra de la lógica, del desarrollo tecnológico, de los nuevos modelos de mercado, de los creadores de base marginados por la industria, de la propia cultura, de la ciudadanía y, en casos como el francés, de la voluntad popular expresada a través de una mayoría parlamentaria.

¿Por qué me acuerdo de repente de Sam Bulte?

Fuente: elmundo.es

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