Confinados en la celda
de la rutina feroz
dos amantes se devoran
a la sombra de un reloj.
Se oscurecen las miradas,
el odio carga un fusil
que cada noche dispara:
¿cómo escaparme de ti?,
¿cómo salir?

Tú me tienes, yo te tengo
y aquí se acabó el carbón.
Yo, cosido a tu almohada,
tú, pegada a mi colchón.
No hay reencuentros, no hay ausencias,
no hay principio ni final,
no hay misterio, no hay sorpresa,
nada cambia de lugar.
De tanto probar tu boca
se me ha olvidado el sabor.

Y, aunque la puerta esté abierta
y haya indulto general,
igual sigue la tormenta,
igual se clava el puñal.
Nada que perder, no hay nada,
nada que recuperar.
Nada. Y todo se derrumba.
Nada altera su ritual.
Nada buscan, nada esperan,
no se quedan ni se van
y, entre el sueño y la tragedia,
el reloj marcó el final.
Y nada más.

Fuente:
Proyecto Isla

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Escucha:
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