Hay esperanza para el Carnaval. El de Cádiz, el de Tenerife y el de Las Palmas de Gran Canaria. Eurovisión, Cutrevisión para los enemigos, ha inaugurado en esta edición una nueva etapa, dándole vidilla a estilos por siempre marginados en el festival por golfos, auténticos o simplemente de cierta calidad. Así que, entre baladas-de-toda-la-vida-zzz, coreografías de epilepsia, folcloritis variada, romanticismo muy mal entendido y mucha horterada en general, se ha colado algo parecido a un grupo heavy, que ha ganado y todo, así sea por disimular algo.

Resumiendo, he perdido una vez más. Y no, no lo digo por las Ketchup (einnnn? arf arf puag), los míos eran los de Lituania: ‘We are the winners’… of Eurovision. Una tomadura de pelo en pleno corazón de la caspa, que es lo que debe ser. Estuvieron ahí arriba, pero que ganaran ya era demasiado. Como consuelo, me quedan estos extras de El Señor de los Anillos, que no están mal para correrse unas risas y darle unos gritos a Ramoncín en el Viña Rock, pero poco más. Me caen bien, pero eso es lo de menos. Onda murga metaliquera, con gracia y a lo loco.

En fin, que cada año prometo no volver a ver el bodrio y cada año vuelta a empezar. España, cojonudo, como siempre. No nos votan porque hay mucha maldad repartida en esta Europa del Este y mucho odio a la SGAE. Yo hubiera mandado al Koala a los de Laura, pero en fin.

Les dejo con mi favorita. Una especie de Caiga quien Caiga sacándole los colores al pastel de Eurovisión. Casi como este post, pero con más talento:

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