En otro claro ejemplo de cómo se puede desvirtuar la voluntad de un creador y la relación que éste establece directa y voluntariamente con su comunidad, un juzgado de Martorell ha fallado a favor de la SGAE y de los herederos de Ramón Torruella en una demanda en que estos últimos reclamaban el 10% de las recaudaciones obtenidas por el drama sacro La Passió de Esparreguera, que cada año se celebra en esta localidad.

La noticia sorprende por varios motivos, pero principalmente por dos:

1) La Passió es un esfuerzo social que es posible, según Manel Roca, presidente de la entidad organizadora, gracias a la colaboración desinteresada de los vecinos de Esparreguera y de una aportación de unos 300.000 euros provenientes del Ayuntamiento y de la Generalitat, por lo que la recaudación, unos 100.000 euros, apenas si da para sufragar los gastos de la representación.

2) Según los responsables de La Passió, la voluntad del autor era que el texto, escrito en 1958, estrenado en 1960 y registrado dos años después, era ceder los derechos de la obra al municipio de forma gratuita y con el permiso de poder ser modificado en el futuro. Además, tal y como argumenta Roca, “el texto ha sido constantemente modificado, con nuevas incorporaciones y eliminación de otras, por un gran número de personas a lo largo de todos estos años y que, actualmente, la parte original del autor no supera el 25% de la totalidad de la obra”.

¿No da la impresión de que estamos ante una violación de una licencia instintiva de copyleft? ¿Algo así como una licencia Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike oral de finales de los años cincuenta? ¿No es válida la voluntad del autor, aunque ésta no se haya formulado por escrito? ¿Y el esfuerzo y la actividad creativa de todas las generaciones de vecinos de Esparreguera durante décadas? ¿Quién defiende sus ‘derechos de autor’?

“El presidente de La Passió manifestó que una de las opciones seria cambiar el texto de las representaciones y estudia recurrir la sentencia”.

Al final, quien realmente saldrá perdiendo será Ramón Torruella, su obra y su espíritu de cultura libre, por cierto bastante adelantado a su época. Y, claro, como siempre, la cultura frente a la ambición desmedida de aquellos que, encima, se arrogan en exclusiva el estandarte de la creación y la sensibilidad.

Fuente: Hispanidad

Share