El jugar te va a matar

Me he partido de la risa con esta noticia de AFP que nos ilustra acerca de una clínica holandesa que ofrece tratamiento para adictos a los videojuegos. Y no por el el servicio en sí, que también, porque me parece oportunista y escasamente riguroso, sino porque la información se nutre básicamente de un solo caso, y un caso realmente esperpéntico. Un caso que es presentado como paradigma cuando en realidad es extraordinario, grotesco y singular.

En más de una ocasión he mostrado mis reservas con algunos juegos de carácter violento y he mantenido acaloradas discusiones al respecto. Pero, cuando alguien me ha recordado los juegos de mi infancia, he tenido que reconocer que quizá lo único que ha cambiado son las plataformas. Antes jugábamos con espadas y metralletas de plástico y ahora se ‘pelea’ con joystick. Lo cual, bien visto, supone un adelanto en seguridad personal al evitar quellas inolvidables conejas, fracturas y esguinces de los ‘enfrentamientos’ cuerpo a cuerpo de mi niñez.

De cualquier modo, la adicción a los videojuegos, como al juego en general, la televisión, el sexo o las bitácoras no suponen más que la expresión de desarreglos individuales que encuentran en estos u otros campos terreno abonado para su manifestación. Probablemente desórdenes psicológicos en los que lo menos importante sea el medio a través del que se canalizan. Porque no es en el medio, sino en la propia persona y su entorno, donde las cosas marchan mal.

Y, si no, díganme ustedes si este caso puede ser tomado como ejemplo de algo más que un desorden personal. ¿Es la adicción al videojuego la causa de los males del muchacho o más bien consecuencia de ellos?

Les dejo con sus propias declaraciones:

“En la escuela, yo era el gordo a quien nadie quería. Por eso, al volver a mi casa, me ponía delante de mi ordenador y jugaba”.

“Disparar a la gente, pasar en tanque sobre sus casas… ésa era mi realidad. Cuando veía un ‘joystick’, hasta me cosquilleaban los dedos”.

“Coca, hachís, éxtasis: tomaba de todo. Era mi ritual: por la mañana me levantaba, iba a proveerme (de drogas), hacia las 11 me plantaba delante de mi ordenador. No me acostaba jamás antes de las 4 horas de la mañana”.

“Mi habitación era un campo de ruinas. En el suelo, cajas de pizza, botellas vacías. Los postigos de las ventanas estaban siempre bajados (…) no me levantaba ni para ir al baño: orinaba en una gran botella mientras seguía jugando”.

“Conseguí un diploma de comercio, pero no iba nunca a clase. Y eran mis padres los que me hacían los deberes”.

Y éstas son mis consideraciones:

1. No hay relación directa entre ser gordo y marginado para ‘engancharse’ a los videojuegos. En todo caso, la misma relación que entre ser gordo y marginado y ‘engancharse’ a la lectura de Shakespeare. De hecho hay muchos gordos marginados que no gustan del videojuego y muchos flacos integrados que se pasan el día frente a la consola.

2. “Disparar a la gente, pasar en tanque sobre sus casas…”. Suponemos que se refiere al videojuego, es decir en sentido figurado. Igual que en el cine o jugando con soldaditos de plomo.

3. Juer: coca, hachís, éxtasis… Lo milagroso es que aún pudiera acertar con los botones del mando. ¿Coca, hachís, éxtasis… y aún los médicos lo tratan como adicto a los videojuegos?

4. Y, vamos a ver, ¿dónde estaban esos padres, profesores y asistencia social? Un niño gordo y marginado que al llegar a su casa sólo encuentra el consuelo de una consola (bueno, y de un importante surtido de drogas); un niño que no se acostaba antes de las 04.00 horas; una habitación cuya descripción supera con creces las peores imágenes de un barco negrero, ¿nadie pasaba por allí?, ¿nadie limpiaba?, ¿nadie se preocupó jamás de nada? Lo de la botella, insuperable.

5. Ah, sí, los padres hacían los deberes, que es lo normal y recomendable en este tipo de situaciones.

6. No me parece seria una clínica que se dedique a tratar ‘adicciones’ sintomáticas: televisión, sexo, filatelia, videojuegos, chat, móviles, tunning… ¡La noticia llega a hablar de “desintoxicación”! ¿Qué sustancia tóxica está presente en los videojuegos y cómo pasa a nuestro organismo? Lo serio sería tratar este tipo de manifestaciones compulsivas en centros de atención mental y como expresiones directas de patologías psicológicas o psiquiátricas. Incluso en algún caso, como el de este chico, en clínicas de atención a drogodependientes (las drogas sí son objetivamente tóxicas).

Tim tiene 21 años, pero dice que su ‘adicción’ comenzó a los 12, y pesa 139 kilos. Se pasaba jugando 20 horas diarias (supongo que las otras cuatro se las pasaba comprando droga y asistiendo al colegio, así que tampoco dormía ni comía).

Así que ya sabes, si tu hijo es rechazado por sus compañeros de escuela, consume tres o más sustancias estupefacientes, no duerme nunca, convierte su habitación en una pocilga oscura, orina dentro de una botella y te invita a que le hagas los deberes… no lo dudes: la culpa es de los videojuegos.

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