Me ha llamado poderosamente la atención la coincidencia de dos iniciativas musicales enmarcadas en el ámbito del copyleft y que tienen como denominador común la promoción de la canción del verano. Las dos, además, auspiciadas por la ‘oficialidad’ y no por el típico grupo de copyfighters incomprendidos entre los que me encuentro. Por un lado, la Junta de Extremadura, que llama a la votación popular de canciones bajo licencia Creative Commons a través de su programa 99 MCC (vía Menéame). Y, por el otro, el diario ‘El País’, que hace lo propio en Talentos, la web creada para la promoción de grupos y solistas que ofrecen su música con copyleft.

Definitivamente, algo está cambiando cuando instituciones y medios de comunicación emprenden proyectos de estas características, impensables si no gozaran de un amplio respaldo social y si no existiera visos de rentabilidad, sea ésta política, económica o simplemente promocional (que, dicen, es uno de los pilares de las otras dos).

Lo cierto es que, de entre todas la aplicaciones posibles del copyleft, la de la canción del verano no me parece la más relevante, pero no por ello dejo de reconocer la enorme expectación que suele rodear a este fenómeno y los muchos millones que suelen moverse a su alrededor. Por tanto, el hecho de que las miras de este clásico subproducto estival comiencen a derivarse hacia la música libre supone un auténtico espaldarazo al movimiento, al menos en lo que a popularización de la propuesta se refiere.

Si a estas dos iniciativas añadimos la circunstancia de que los dos temas más coreados y bailados este verano (‘Opá, viacé un corrá’ y ‘Amo a Laura’) han basado su éxito en la libre circulación de sus vídeos por la Red, no resulta demasiado aventurado afirmar que, a pesar de algunos se empeñen en ondear la oscura bandera del copyright, no sólo el verano, sino el futuro mismo comienzan a teñirse ya del color del copyleft.

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