Algo pletórica y excesivamente optimista se ha mostrado Margaret Boribon, secretaria general de Copiepresse (asociación que defiende los derechos de varios periódicos belgas), tras la sentencia (PDF) que ha condenado a Google a pagar un millón de euros diarios por difundir contenidos sin consentimiento de los editores:

“Lo que hemos logrado interesa a un buen número de países”, que podrían “probablemente” tomar medidas similares”.

La reacción de Google no se ha hecho esperar, eliminando toda la información de esos periódicos tanto de su índice como de las búsquedas, es decir prácticamente relegando todos esos sitios a la oscuridad en la Red. La merma en influencia, audiencia, difusión y visitas promete ser de escándalo, pero la ceguera empresarial es tal que ese terrible destino que se vislumbra tan siquiera les inquieta.

Dicen que la falta de riego u oxígeno en el cerebro produce estados de euforia. Y así debe de ser. Desaparecer de Google es como desaparecer del mapa, y todo ¿por qué? ¿Por impedir que los usuarios puedan consultar un índide de titulares o un extracto del cuerpo de la noticia antes de ser conducidos amablemente a través de un enlace a su propia web? ¿Por impedir esa publicidad indirecta, ese estupendo canal de captación de clientes? ¿Por no romper con modelos del jurásico? ¿Por ese terrible desprecio que, en el fondo, deben de sentir por el usuario?

¡Que me aspen si lo entiendo!

Fuente:
Informativos Telecinco

Vía:
Jabalí Digital

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