Se habla mucho de la calidad de la enseñanza, pero se hace poco por ella, en mi opinión. Y quizá no porque los poderes públicos no quieran, sino porque es bastante difícil controlar día a día el quehacer de todo el colectivo docente y de los directivos de los centros.

Cuando apruebas la oposición, el primer año estás “en prácticas”, que es como estar en período de prueba en cualquier empresa. Tienes que elaborar una memoria y reunirte con tu tutor de prácticas, que entrará en una de tus clases y preguntará a tu director/a y jefe/a de estudios sobre tí, sobre tu implicación en el centro, sobre tu trabajo cotidiano. Te encuentras en ese año en una situación en la que tienes que decir que sí a todo lo que te propongan, para quedar bien ante el equipo directivo que luego dará un informe sobre tí. Ello supone que te tocan marrones tipo ser secretaria del Equipo Técnico, o ser Jefa del Departamento de Extraescolares.

El pasar ese año de prácticas no supone que seas un magnífico profesor, pero al menos cuando las apruebas y te nombran funcionario de carrera ya has pasado dos filtros: la oposición y el añito de marras. Pero eso somos los funcionarios.

La mitad de los docentes, al menos en Andalucía, es interino. A los interinos no se les puede controlar de ninguna manera: la Administración los necesita y juega con ellos. De ahí la palabra puterino que ellos mismos utilizan para referirse a su situación. En ese embudo tan ancho hay cabida para personas que no están capacitadas para dar clase, muchas de ellas por su estado mental o psicológico, y a los que se les está ofreciendo la educación de muchos alumnos. Y no se puede hacer nada. Yo he vivido dos casos de cerca y el director se declaraba impotente. Si no hay una declaración de los alumnos exponiendo su situación no hay nada que hacer y los alumnos, evidentemente, no van a arriesgarse a ello para que después el profesor se tome la revancha.

El informe PISA, ese que como dice un compañero mío ha declarado que los españoles somos los más tontos de Europa y los andaluces, a su vez, los más tontos de España, cayó como un jarro de agua fría el año pasado. Nos temíamos lo que está pasando: que la Administración Educativa andaluza haya cargado las tintas contra quienes ella cree responsables. Los profesores. Al parecer la poca calidad de la enseñanza es culpa de los profesores. Que no trabajamos lo suficiente. Bueno, en realidad lo que nos achacan es que el llamado “horario irregular” ( horas de preparación de clases, de actividades extraescolares, de reuniones varias ) no se cumple en el centro, y por tanto, según la Administración, esa y no otra es la culpa de que los alumnos andaluces estén a la cola de España en el famoso informe.

Y ha decidido que tenemos que fichar. Ahora fichamos. En algunos centros, en otros se firma a la entrada o la salida o se han habilitado otras formas de control. Este año ya nos han avisado que es prioridad de la Inspección el controlar de forma fehaciente el cumplimiento del horario de los profesores.

Faltar un día a clase es literalmente una carrera de obstáculos, al contrario de lo que piensan muchos. Que nadie piense que un profesor si quiere falta y viva la Pepa. Te piden de todo para justificarlo. No se puede faltar así como así. Y además, si no vas a trabajar es imposible pasar inadvertido: tienes una clase entera a cada hora que te echará de menos y dará la voz de alarma.

Aún así, en estos centros en los que faltan medios, en los que los ordenadores no funcionan, en los que falta material, o falta el famoso profesor número 70 que comentaba el otro día, la calidad de la enseñanza se mide en que tú prepares las clases dentro del centro y no en tu casa.

Vivir para ver.

Share