Asustaviejas

Ya no viene el coco, ni el hombre del saco, ahora es el “Asustaviejas” gente que se deja los escrúpulos en la oficina y con todo tipo de extorsiones intenta desalojar a inquilinos de renta antigua de sus viviendas.
Esto no es más que uno más de los “daños colaterales” del suculento negocio inmobiliario, nada más hay que ver la proliferación de inmobiliarias en cualquier ciudad, a sus puertas, jovencitos repeinados con corbatas de colores lanzan miradas hostiles hacia los balcones mientras hablan sin respiro con su móvil última generación entre paseos casi militares, simulando estar siempre cerrando un “mega-trato pelotazo”.
Los asustaviejas hasta se hacen pasar por técnicos de urbanismo para camelar a los reposados abueletes que encima les invitarán a un cafetito para que puedan trabajar más cómodos, porque la falta de información y el tiburón inmobiliario es una mezcla altamente peligrosa.

Tras avisar de que su casa está afectada de una enfermedad del hormigón y que se caerá cualquier noche mientras los habitantes duermen apaciblemente su jubilación, inician el acoso feroz para forzar a los amables inquilinos a una venta de emergencia.

Sólo en Barcelona se recibieron el año pasado 415 denuncias por visitas de “asustaviejas“, los cascos antiguos de las ciudades suelen ser los objetivos de estos abusones de la viga sabedores de los precios de cualquier finca una vez derrumbadas las casas y edificados esos zulitos “loft” serán una gran jugada para, con su habitual carga de especulación, engordar el saldo.

Cuando su ayuntamiento no ofrece ayuda ninguna para la rehabilitación o los vecinos no pueden asumirla los olfateadores de la ruina llamarán a su puerta, así que no olvide poner el ojo en la mirilla antes de que le peguen el susto.

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