El día 9 de noviembre de 1989 cayó definitivamente el Muro de Berlín y con el, una gran parte de las utopías de un sistema que ha masacrado a los pueblos, silenciado el pensamiento y eliminado la democracia allá donde ha intentado enraizarse. Y lo peor para los que defendían, y aún defienden esa teoría política, es que el sistema, trágicamente representado en aquel muro, se cayó él solito, únicamente hubo que darle un ligero soplo para que los escombros pudieran hoy venderse como recuerdos nostálgicos de un pasado sin futuro, que ni fue ni podía serlo. Soy consciente de que no es fácil reconocerlo aún para muchos desencantados, a pesar de la clamorosa evidencia que muestra el paso de los años.

Muchos recuerdan aún aquel memorable discurso de Ronald Reagan, por entonces presidente de los Estados Unidos de América, frente a la Puerta de Brandemburgo en el año 1987, y en especial el párrafo en el que exhortaba al Premier Soviético a dar una prueba de su perestroika y su glasnot: “Secretario General Gorbachov, si usted busca la paz, si usted busca la prosperidad para la Unión Soviética y Europa Oriental, si usted busca la liberalización: ¡Venga a este muro! ¡Señor Gorbachov, abra esta puerta! ¡Señor Gorbachov, haga caer este muro!”.

Bastantes periodistas y políticos afearon las palabras de Ronald Reagan, tachándolo de zafio, torpe, cretino y de ser como el matón de las películas del Oeste. Aún mucha gente tiene esa imagen distorsionada del que tal vez fuera uno de los mejores presidentes de USA e incluso muchos comunicadores hacen creer a su público que una persona con esas características puede llegar a ser el presidente del país más poderoso de la tierra, con más de 360 millones de habitantes. Y a pesar de que la firmeza, coherencia y oportunidad de ese discurso, junto con otras acciones, hoy no pueda ponerse en tela de juicio que fue decisivo para la caída del Muro de Berlín y del comunismo que lo sustentaba, siguen con contumacia sin querer rectificar su desmemoria histórica, que en estos casos ya se sabe que es muy selectiva.

Y como un canto a la celebérrima laboriosidad alemana y a su espíritu de superación, sobre todo el de las gentes que quedaron en la RFA antes de que la reunificación con los restos de la RDA hiciera bajar la media aritmética de la productividad germánica, también Ronald Reagan dijo: “De la devastación, de la ruina misma, vosotros los berlineses habéis reconstruido, en libertad, una ciudad que, una vez más, se cuenta entre las más grandes de la Tierra. Puede que los soviéticos tuvieran otros planes. Pero, amigos míos, hay algunas cosas con las que los soviéticos no contaron: Berliner Herz, Berliner Humor, ja, und Berliner Schnauze. [Un corazón berlinés, un humor berlinés y, sí, un Schauze berlinés]”.

La fecha del 9 de noviembre de 1989, sin la menor duda, está grabada con letras de oro en las páginas del libro de honor de las libertades y de la Carta Internacional de Derechos Humanos, consagrados en la ONU por los siglos de los siglos aquel ya lejano 10 de diciembre de 1948, por cierto de la mano de una mujer estadounidense, la Sra. Eleanor Roosevelt. Muchos muros quedan aún por caer, hasta España tiene los suyos en Ceuta y en Melilla, pero tal vez los peores y más tiránicos sean los construídos para no dejar salir a las personas de los llamadas paraísos socialistas. Por todo ello, en este aniversario sólo queda brindar diciendo: ¡Feliz aniversario Berlín! ¡Que el mundo siga tu ejemplo!

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