El titular en negritas decía así: Un estudio advierte de las dificultades para eliminar la desigualdad entre hombres y mujeres en el ámbito conyugal.

No ocupaba mucho espacio en el periódico, pero es de los que llaman la atención. A mí, al menos. Lo recorté antes de perderlo, porque se me suelen olvidar las cosas y luego no encuentro el momento de volver sobre ellas. Esta mañana ha aparecido arrugado entre las páginas de uno de los cuadernos que llevo en el bolso. Y ha sido el momento de leerlo tranquilamente.

Una pareja, dos salarios. El dinero y las relaciones de poder en las parejas de doble ingreso de Sandra Demo Moreno, publicado por el CIS.

El trabajo remunerado de las mujeres y sus ingresos no generan automáticamente un equilibrio entre los dos miembros de la pareja.

(…)

Las mujeres acceden al trabajo remunerado o al manejo de dinero, pero los hombres no adoptan roles femeninos.

Las conclusiones son evidentes: los tiempos cambian, pero no las parejas. La mujer trabaja dentro y fuera de casa. El hombre, algunas veces, colabora, no comparte. El salario de la mujer no es más que un complemento, aunque sea mayor que el del hombre, circunstancia que se suele esconder para no dañar su ‘masculinidad’ (¿¿¿¿¿?????)

Y, vamos, que eso ocurre hasta en las mejores familias, aquellas que presumen de ser más progresistas, más feministas y más igualitarias que ninguna. Yo lo veo. ¿Tú lo ves?

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