El pasado jueves 16 de noviembre fallecía el insigne estadounidense y Premio Nóbel de Economía Milton Friedman. A muchos de mi generación nos impactó e hizo reflexionar seriamente su magnífico libro y la serie de televisión titulados ‘Libertad de elegir’, escritos en 1980, donde se teoriza lo imprescindible, pero se exponen muchos ejemplos de la vida real, haciendo ver los aspectos prácticos y de sus teorías. No obstante ser un texto de lectura obligada para cualquiera que quisiera estar al siglo en el mercado de las ideas sobre libertad de comercio, era necesario por entonces no exhibirlo públicamente en las universidades y, a ser posible disimularlo con la sobrecubierta del ‘Libro rojo’ de Mao, que aunque más difundido era menos leído. Porque una cosa es ser ‘avanzado’ y otra tragarse un ladrillo oriental.

Nuestros políticos de Coalición Canaria (CC) y Partido Socialista Canario (PSC) tal vez deberían leer, o releer por si lo han olvidado, ese libro para ser conscientes de cómo ciertas leyes, de las cuales parecen estar muy orgullosos, son un ataque directo contra la libertad de comercio y contra la libertad de los consumidores y empresarios. Reflejaba la prensa local que ambos grupos parlamentarios coincidían, cosa curiosa que a estas alturas de la precampaña electoral sigan teniendo puntos de encuentro, en que no había una fuerte demanda social que justificara el abrir los comercios domingos y festivos. O tal vez querían decir que no estaban muy seguros de cómo reaccionarían algunas asociaciones de empresarios y cómo esa escandalera mediática les pudiera afectar electoralmente. Expresado de mucha mejor forma, con palabras del eminente neurólogo estadounidense, otra vez perdón por el origen del científico, Wilder Graves Penfield: “Lo que me quieres decir grita tanto que no oigo lo que me dices”.

Si de algo puedo estar razonablemente seguro a estas alturas de mi vida, si es que realmente se puede estar seguro de algo alguna vez, es de que los consumidores no se quejarán de tener la oportunidad de poder comprar cuando, donde quiera y el día que estime mejor para sus intereses. Pero a ese Juan Canario nadie le pregunta, ni tiene poder de influencia, ni está protegido por una organización de ciudadanos consumidores fuerte, grande, influyente, no subvencionada y por lo tanto libre, que hoy en día no existe, aunque algunas cacareen de serlo e incluso editen alguna revista.

Permítanme exponer un caso concreto que demuestra la falta de libertad de elegir por parte de los consumidores canarios. No logro encontrar una razón con sentido común para que la empresa Domingo Alonso no pueda abrir sus puertas y mostrar, e incluso vender, los vehículos que representa a un ciudadano que quiera, pueda o le apetezca acercarse un domingo o festivo a sus establecimientos. El pésimo argumento usado por algunos pequeños comerciantes y pequeños representantes sobre la necesidad de descanso es, sencillamente, insostenible y sólo persigue mantener un régimen obsoleto de privilegios para unos y sin libertad para otros. Replicando a Luis de Miguel o a Lucas Santana entiendo que es un atentado directo contra la libertad individual constitucional que pretendan que otros no hagan algo que es perfectamente lícito en medio mundo y en otras muchas actividades, como cines, hostelería, establecimientos en zonas turísticas, etc. No se trata de obligar a abrir domingos y festivos a todo el mundo, se trata, sencillamente, de no impedírselo a quien quiera hacerlo y tenga su negocio y sus trabajadores dentro de la ley. En otros tiempos este comportamiento se tildaría de caciquil. Hoy llanamente de privilegio legal injustificado de unos pocos en contra de la mayoría. Clink, clink, la caja registradora de alguien sigue sonando. Y los partidos políticos, consintiendo.

Enlaces relacionados:

Share